El pito en el oído

Javier Rebollo
Rosa oye un pito en el oído todo el rato. Lo único útil que han sabido «recetarle» los médicos es que se ponga la radio o la televisión muy alta para enmascararlo. Es un pito agudo, incomodísimo y constante. Rosa oye el pito desde hace quince años. Nadie ha sabido decirle de dónde viene: el otorrino de la Seguridad Social, después de una audiometría que tardaron meses en hacerle, le ha dicho que tiene un oído finísimo y le ha mandado al neurólogo, y el neurólogo al psiquiatra, y el psiquiatra le ha recetado tranquilizantes y que se ponga música alta (incluso cuando duerme).
Rosa es la protagonista de mi próxima película, el pito en el oído, acúfeno le llaman clínicamente, es el mío.
Decía Bresson que los ruidos de la vida cotidiana, organizados en una película, son música, pero, desde hace trece meses una semana y dos días, para mí no existe el silencio (imprescindible para la música). Por eso lo que no he podido arreglar en la vida he tratado de sublimarlo en el cine: a Rosa (Carmen Machi), la protagonista de mi película, le he adjudicado el pito en el oído que es mío, y que ahora, mientras escribo, como siempre, insoportable, terrible, perpetuo y enemigo, me acompaña.

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