El monje y la política

En marzo estalló una revuelta en Tíbet contra el gobierno chino. El ejército la sofocó y dejó, en principio, 18 muertos entre los protestantes. Nadie lo sabe, sin embargo, con certeza.
La región remota del Tíbet ha pasado por muchas etapas en la historia. Antes de la invasión china de 1950, estaba gobernado por una administración religiosa comandada por el Dalai Lama. Este gobierno tibetano debió exiliarse en 1959 en la India, donde aún reside. Lo preside desde hace 57 años Tenzin Gyatso, el actual Dalai Lama, pero ningún país del mundo lo reconoce.
Como jefe de Estado tibetano, el Dalai Lama debería ser la voz más airada contra China. Sin embargo, no lo es. El Dalai Lama es también, lógicamente, un monje budista, religión que predica la no violencia. Debe ser difícil combinar los papeles de monje y jefe de Estado. El Papa de Roma también lo hace, pero no sabemos cómo reaccionaría Benedicto XVI si un día Italia decide reconquistar el Vaticano.
Hasta ahora el Dalai Lama había predicado paciencia. Las décadas de paciencia han enfadado a algunos tibetanos que, visto que son a menudo considerados ciudadanos de segunda en su propia tierra, decidieron actuar. Esto no parece que vaya a cambiar la actitud de calma del Lama, que cuando El Ciervo va a imprenta, amenaza con dimitir si las protestas violentas siguen.
Según declaraciones a un periódico norteamericano de Pico Iyer, autor de un libro retrato del Dalai Lama, “su rol temporal está enteramente guiado e iluminado por su filosofía budista”. Al no ser la “filosofía budista” la guía del otro bando –el gobierno chino – , muchos dudan de la capacidad del Dalai Lama de ser jefe de Estado. Después de decir que los monjes “piensan en términos de siglos”, Iyer dice que “el Dalai Lama cree que actos provocados por la impaciencia generalmente no traen buenos resultados”. Y sigue: “En el centro de sus creencias todos están interconectados: no tiene sentido resistirse a China [mediante aspiraciones de independencia] porque tibetanos y chinos son parte del mismo todo”.
Nos puede parecer increíble, pero en parte la religión está para esto. Para renovar el mundo.

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