Sólo hay que saber amar

J. I. González Faus
Es fácil ver que hay al menos dos tipos de saberes. Podemos llamarlos de conductas y de contenidos. Entre los primeros el fundamental es saber vivir. Luego hablaría de saber aprender, saber leer. Saber vivir no es una asignatura que se aprueba de una vez para siempre. Es un aprendizaje siempre nuevo y siempre renovado a pesar de que en él no se pierde nada de lo ya aprendido. Para mí coincide en muy buena parte (o totalmente) con el gran aprendizaje de nuestra existencia: el de saber amar. El que hacía decir a Juan de la cruz aquello de que al atardecer nos examinarán del amor.
Entre los saberes de contenidos, creo que no hay ninguno que valore por encima de los demás. Es posible que sepa algo de teología, de literatura, de filosofía, de historia, de cine (todavía no he llegado a la sabiduría de Sócrates, como para decir que no sé nada). Pero si me piden que valore preferentemente uno de esos saberes, es como si me preguntan a cuál de mis hermanos quiero más. Todos se necesitan, se relacionan, se complementan y apuntan a una armonía siempre entrevista, siempre perseguida, siempre prometida y nunca poseída. Respecto de esa plenitud final, sí que diría con Sócrates que no sé nada.

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