Me quedo con latín y griego

Luis Alberto de Cuenca
La pregunta me suscita, a mi vez, viejos interrogantes aún no resueltos y consideraciones de diferente índole. En primer lugar, me recuerda que es una gran mentira eso de que el saber no ocupa lugar, porque mi casa madrileña se ha convertido en inhabitable por culpa de los libros, y nadie duda de que el saber se obtiene a partir de ellos. Luego está el tema de si sabemos algo en realidad o no sabemos nada, poniéndonos socráticos. Yo creo que sí, que algo sabemos. En mi caso, lo que me sé mejor son las nociones de historia y de geografía que me hicieron aprender en el colegio, lo que no es poco en los tiempos que corren, tan reacios a las disciplinas humanísticas y tan proclives a la mixtificación histórica y al olvido cartográfico. Me parece imprescindible saber que la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar después que la Primera, o que Nepal es un Estado fronterizo con la India por el lado del Himalaya, o que el godo Alarico saqueó Roma en 410.
Parecen cosas obvias, pero la mayoría de la gente (y la tendencia apunta a la totalidad, dados los infernales planes de estudio vigentes) no sabe hacer la o con un canuto en lo que de verdad interesa, que es saber situarnos en el espacio y en el tiempo, que es lo que enseñan la geografía y la historia (que ahora no se llaman así, por cierto, porque los pedagogos han decidido rotularlas con el equívoco y absurdo marbete de “sociales”, para fastidiar al personal, que es su único objetivo).
¡Ah, se me olvidaba! Además de esas rudimentarias nociones de historia y geografía, lo que más me gusta saber es latín y griego, que esas sí que son disciplinas a extinguir. Y con ellas se extinguirá Europa, y la cultura occidental, y ese tipo de cosas que ha valido la pena conocer. El poco tiempo que nos duren.

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