Misoneísmo

Rosario Bofill
Estábamos acostumbrados a ver en el gobierno sólo hombres. Con sus trajes oscuros, sus corbatas de fantasía para dar un toque progre. Luego se fueron introduciendo algunas ministras. Dos o tres a lo sumo. Eran la guinda del pastel.
Ahora, de repente –a Zapatero le gusta dar sorpresas así– de los diecisiete ministerios ocho los llevarán mujeres. A algunos les parece que el mundo de la política se va a hundir. Y para colmo entre las ministras dos muy jóvenes: Carme Chacón, nacida en 1971, y Bibiana Aido, nacida en 1977. Lo de Carme Chacón raya lo tolerable: mujer, joven, embarazada, y ministra de Defensa. Muchos están pensando qué va a pasar.
Hasta ahora los hombres ministros podían ser listos, inteligentes, aprovechados, algo tontos, ineptos, y no había sorpresa. Pero ahora es distinto. Tratándose de mujeres habrá que estar al acecho. Muchos esperan que pronto se vea el despropósito. Está por ver. La verdad es que las estadísticas dicen que en la universidad las mujeres sacan mejores notas. Y fama de trabajadoras suelen tenerla. Inteligencia y acción. ¿Qué más queremos?
El otro día corrigiendo pruebas aprendí una palabra que no sabía, misoneísmo, la palabra es rara, pero lo que significa, “horror a lo nuevo”, es de lo más frecuente. Para muchos lo nuevo tiene grandes peligros. A mí lo nuevo me gusta.
Ahora, eso sí, a todas esas señoras ministras recién nombradas quisiera hacerles una petición: no salgan en la tele cada día con un traje distinto. Háganse algún vestidito más, si lo precisan, pero pocos. Que las veamos repetir de modelo. En mujeres del PSOE, no me parece indicado verlas cambiar cada día de vestido. Supongo que el presidente las ha elegido por su capacidad, pero no por elegantes que tengan que desfilar por la pasarela.

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