Hacer lo importante, interesante

Jordi Pérez Colomé
Hace unas semanas fui a Blanes, cerca de Barcelona, a dar una charla sobre El Ciervo y el estilo. En la ronda de preguntas, un asistente se quejó de la labor que hacemos los periodistas. Lamentaba primero que los periódicos tengan prejuicios políticos y, luego, que “sobre todo en las noticias internacionales, todos dicen lo mismo”. Yo había ido a Blanes a hablar de esta revista y de cómo escribir claro, y además no soy periodista de un periódico, pero no era la primera vez que me tocaba responder a una pregunta así.
La primera parte de la pregunta era la fácil: que los periódicos tienen su punto de vista es sabido y criticado, pero en el fondo es lógico. Un periódico mira el mundo forzosamente de una manera: puede depender del propietario –que es lo más normal – , de los lectores –de lo que su mercado les pide y el periódico tradicionalmente ha ofrecido– o, más raro, del director. Aunque en general es una combinación de todo esto. No es malo que haya medios de izquierdas o de derechas, nacionalistas y católicos. Lo malo es que aprueben sólo las opiniones de un partido político. Que no sean independientes. La independencia real, sin embargo, es más un camino que una meta, pero acercarse un poco serviría para dar un mejor servicio a los lectores.
La segunda parte de la pregunta del señor era, sin embargo, la difícil. Todos los periódicos dicen lo mismo, decía. Se refería a la sección de internacional, pero puede ampliarse a otras. No hablaba del punto de vista, sino del contenido de las noticias. Es verdad que esto ocurre y es uno de los grandes retos de la prensa ante los nuevos medios. Hay días en que las portadas de los periódicos se repiten y, lo que es peor, repiten lo que vimos anoche en la tele y que, gracias a la radio e internet, esta mañana ya es viejo. ¿Es este el mejor servicio que puede darnos un periódico?

Cuando El Ciervo nació, en 1951, la gente se enteraba de lo que pasaba por la radio, unos pocos periódicos y algunas revistas. Hoy las fuentes de información han crecido. Deberíamos tener una información más variada que antes. Sin embargo, ocurre lo contrario y nos parece que todo se repite. La culpa no es sólo de la prensa. Informarse es difícil y cada cual, si le interesa, puede buscar mejor la información –en una buena web, en una revista especializada – ; echar la culpa a los demás de nuestra desinformación es lo fácil. Pero es lícito. La prensa debe cumplir un papel que quizá podría hacer mejor. Alastair Campbell, que fue el primer jefe de prensa de Tony Blair, dijo en una conferencia reciente: “Es una paradoja interesante que, a pesar de tener más espacio mediático que nunca, las quejas por una falta de debate sano nunca han sido tan fuertes, con cada vez menos noticias y temas tratados”. Y concluía que “la igualdad en mucha de la producción de los medios no hace justicia a las oportunidades que el nuevo mercado ofrece”. Acabo de leer un libro que procura explicar por qué ocurre esto. Su autor es un periodista inglés, Nick Davies, y analiza por qué hoy los periódicos no son mejores. Da dos razones básicas: los periódicos recortan gastos y aspiran a cada vez más beneficios. Esto lo hacen todas las empresas. ¿Por qué en el caso de la prensa es más negativo? Davies lo explica en varios puntos. Aquí hablaré de uno, que es para mí el más importante: porque tener menos recursos les obliga a dar noticias baratas y seguras.
En esta revista hacemos un monográfico cada año, en noviembre. En la reunión para decidir el contenido de este año, teníamos dos temas: los medios de comunicación y la economía. Uno de los miembros del comité de dirección creía que hablar de los medios es inútil: “Ya no se hace periodismo; sólo se cubren ruedas de prensa”, decía. No tenía sentido por tanto dedicar tanto espacio a un trabajo tan nimio. No todos estaban de acuerdo, pero al final ganó el otro asunto, la economía (quizá hablemos de los medios otro año). Sin embargo, el miembro del comité tiene parte de razón: en su libro Davies cita un estudio de la Universidad de Cardiff sobre los cinco principales periódicos británicos, que concluye que en un 80 por ciento de sus noticias hay material de agencia o de gabinetes de relaciones públicas.
Estas dos fuentes –las agencias y los gabinetes– son baratas para los medios: copiar párrafos de las agencias o ir un ratito a una rueda de prensa no requiere grandes recursos. El problema es que las fuentes son las mismas para todos y al final hace que los periódicos den noticias parecidas, no sólo en el contenido, también en el enfoque. La variedad en cambio surgiría de dedicar a los periodistas a buscar información, a preguntar a especialistas, a invertir tiempo no necesariamente en grandes investigaciones, sino en explicar bien lo que ocurre. Esto es caro y hoy se hace poco. Nicholas Kristof, columnista del New York Times, dice que “en general, lo que los periodistas cubren mejor es lo que el primer ministro dijo ayer, no complicados procesos que no ocurren en un solo día”.
Esto hace que la noticia de gabinete o agencia sea también segura. Tengo un amigo que cubre un partido político. A veces, por dar algo de contexto al lector o dar a entender algo que el político no ha dicho claramente, se ha ganado una bronca (del político y de su jefe, a quien el político llama). Ha aprendido así a escribir únicamente lo que toca. Esto es un servicio al político, no a los lectores. Los periódicos pueden pensar que los lectores ya están contentos así, pero no es tan seguro.

De momento, por suerte, los periódicos siguen dando dinero y los empresarios apuestan por ellos; aunque recorten gastos. No creo que los periódicos de papel desaparezcan en las próximas décadas. Pero sí que irán perdiendo parte de su mercado tradicional sin ganar entre los jóvenes. Perderán, por tanto, dinero. Un periódico con menos dinero suele ser un periódico con menos periodismo, no con menos páginas. Las páginas son siempre necesarias: hay que poner anuncios.
Pero este proceso, a la larga, puede traer también beneficios y redefinir el papel del periódico. En unos años los periódicos quizá deban adaptarse a un papel no menor, pero sí más específico. Internet, la tele y la radio se ocuparán de las noticias, del menú. Los periódicos de papel podrán dedicarse entonces al verdadero periodismo. Quizá entonces podrá centrarse mejor en el que debería ser uno de sus papeles: “Hacer lo importante, interesante”, en una frase del ex director de la BBC, Michael Grade. Para conseguirlo no se necesita un gran diseño o todo color, sino buena información, bien contada. Y menos páginas.

Revistas del grupo

Nuestra redacción

Publicidad