Cómpreme un arma

El tráfico de armas es uno de los secretos mejor guardados del mundo. Muchas las venden países como el nuestro a otros gobiernos. En principio esta venta debería ser entre gobiernos democráticos. A veces no es así, y por eso es un secreto.
Pero también compran armas grupos rebeldes, terroristas y estados odiosos a quien nadie, presumiblemente, les quiere vender. ¿Cómo consiguen esas armas? Ahora se sabe un poco mejor porque ha sido capturado el que en principio era el mayor traficante ilegal de armas del mundo.
Se llama Viktor Bout. Nació en la Unión Soviética y allí ejerció de traductor en su ejército. Hablaba seis lenguas y en 1991, la desaparición del régimen comunista le pilló en Mozambique. Bout tenía que buscar un nuevo trabajo y escogió uno sencillo. En las antiguas repúblicas soviéticas sobraban armamento y aviones. Podían venderlos y hacer caja. Bout hacía de intermediario porque ya tenía los contactos hechos en fuerzas rebeldes africanas. De África pasó a Asia y por ejemplo vendió armas al gobierno que luchaba contra los talibanes y luego, cuando vencieron, se las vendía a los talibanes. Para vender armas no hay que tener manías.
Ahora le han detenido en Tailandia, cuando debía vender armas a las FARC colombianas. Todo era un montaje de los servicios secretos norteamericanos. Bout está en una celda tailandesa y espera la extradición a Estados Unidos. No será fácil. Sus abogados ya dicen que las acusaciones contra él son “bla bla bla”. No hay pruebas de nada más que de que Bout es propietario de una flota de aviones de carga. Mientras, Bout ya ha avisado de que no soltará prenda. Según la prensa, ha dicho: “Mis clientes, los gobiernos”, y se tocó la frente con el dedo, “si hablo me hacen un agujero aquí”.
El argumento de Bout, que es incluso patrón de Unicef, vegetariano y lector de filosofía, es el habitual: si no lo hago yo lo haría otro. Y concluye: “Las pistolas no matan a gente, lo hace la gente que las usa”. Tiene ciertamente razón, pero si vendes pistolas a ambos bandos de un conflicto, tienes algo que ver en que las usen.
El problema sin embargo es más de fondo: es difícil que un grupo terrorista que tenga dinero para comprar armas no encuentre a alguien dispuesto a vendérselas. La captura de Bout es una buena noticia para todos. Pero para que no haya guerras ni matanzas, el camino es aún largo.

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