La bondad gusta

Esta revista presume, un poco tontamente, de no hablar de fútbol. Tenemos una hojilla de presentación donde decimos que en estas páginas no hay “gritos, ‘famosos’ ni fútbol”. Con eso queremos decir que procuramos tratar de cosas de las que otros se ocupan menos. Ya hay quien hable, y bien, de fútbol.
No es que ahora queramos comentar la liga o la eurocopa. Pero sí nos sorprende un aspecto particular relacionado con una persona: el ex entrenador del Barça, Frank Rijkaard. Su equipo hizo un año malo, y como a veces ocurre en las empresas que exigen resultados, rodó su cabeza. Pero todos –partidarios y adversarios– coincidieron en una cosa: este entrenador era “un señor”. Es decir, era educado y bondadoso. Así, a pesar de ser despedido por sus jefes, todos le aplaudían.
El bueno, se dice, puede pecar de tonto. A este buen hombre que entrenaba se lo habían dicho alguna vez: tonto, débil, flojo. Pero ahora se ha ido y a todos nos ha gustado que fuera manso y que sólo tuviera buenas palabras.
Sin embargo, aunque nos guste a los otros, no parece la bondad un rasgo que prime: no hablar mal de los demás, no quejarse, aceptar las responsabilidades, no son cosas comunes. Pero, como se ve con Rijkaard, son cosas que cunden y se admiran. Hace años, esta revista publicó un editorial que comentaba un dibujo de Máximo –a quien nos apena no ver ya a diario en El País– que decía más o menos: “Sé bueno, permítete ese lujo”.
Ser bueno es aún un lujo. Porque no abunda y porque es difícil serlo. Por eso, ver un ejemplo en una persona pública, sometida a cierta presión, y poder aprender y aplaudirle aunque haya perdido, es de agradecer. Nos gustaría verlo más a menudo.

Revistas del grupo

Publicidad