Esté atento

En la redacción de El Ciervo, solemos ocuparnos, como tarea principal, de escribir o corregir textos. Si mientras trabajamos, llega un correo electrónico, lo miramos y, si procede, lo respondemos. Si mientras respondemos nos llaman, cogemos la llamada. Si entonces al móvil llega un mensaje, lo leemos y empezamos a teclear la respuesta. En este trajín no es raro que alguien venga a decirnos algo y espere nuestra respuesta de pie ante nuestras narices.
Cada vez que hacemos una de estas cosas, dejamos de hacer lo que hacíamos justo antes. Para volver a la actividad inicial, según demuestra un estudio reciente de la Universidad de California, pasarán, de media, ¡25 minutos! No sólo eso, en la Universidad de Londres han descubierto que los trabajadores que se ven molestados por llamadas o correos ven bajar su nivel de inteligencia el doble que el de los fumadores de marihuana.
Hace poco, ser capaz de hacer varias cosas a la vez era una virtud. Ahora vuelve a estar de moda la atención. Las variadas exigencias de una oficina se han multiplicado en una década. Las advertencias de algunos expertos no son pequeñas y van más allá del trabajo. Según el profesor Russell Poldrack, “tenemos que ser conscientes de que tiene un coste el modo en que nuestra sociedad cambia y que los humanos no estamos construidos para trabajar así. Estamos construidos para centrarnos. Cuando nos forzamos a hacer varias tareas, hacemos que quizá un día seamos menos eficaces aunque ahora nos parezca lo contrario”.
Los jóvenes son sin embargo los mayores expertos en esto. No es extraño ver a un joven mirar la tele, comprobar el correo cada dos minutos, leer un chat, poner música en un cd y escribir un mensaje. Nadie sabe cómo será este niño de mayor. Él seguramente cree que será mejor porque estará más informado y será más ágil a la hora de encontrar y descifrar información. Quién sabe. Pero tener más información no significa necesariamente saber qué hacer con ella.
De momento en El Ciervo procuraremos centrarnos más: cerraremos el correo durante largos ratos, apagaremos el móvil de vez en cuando y a veces –pocas– pediremos silencio a nuestro alrededor. Algunas empresas están ya construyendo “salas de reflexión”, donde se pueda ir a pensar. No sería mala idea. Veremos si el gerente se anima. Todo sea por la productividad.

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