Depende de muchas cosas

Jordi Delás
La decisión de modificar la ley del aborto y los términos que se mantengan o se modifiquen están en función del consenso y pactos de los legisladores o, en un sentido más amplio, de los gupos sociales a los que representan.
La ley de 1985 considera legal el aborto si hay grave peligro para la vida o salud física o psíquica de la embarazada, –para lo que no suele haber límite de semanas de gestación– si ha existido violación –hasta las doce semanas– o hasta la semana 22 si hay la presunción de importantes problemas físicos o psíquicos para el feto.
Con esta ley se daba el paso de obviar la necesidad moral o ética de mantener siempre la viabilidad del embarazo. En la actualidad, en mi opinión la decisión de continuar con el embarazo ha de residir en la mujer con el máximo asesoramiento posible.
La decisión de interrupción del embarazo es importante y no conviene diferirla. Por tanto cabe mantener el espacio de tiempo actual con una amplia consideración para las excepciones.
Pero lo más importante van a ser las medidas para evitar los embarazos no deseados, sin olvidar la que hasta ahora era conocida como la píldora del sía siguiente, y también el apoyo posparto. En determinadas situaciones de deterioro personal y familiar, cuando la madre por ejemplo no tiene domicilio fijo o un pasado de toximonía, las embarazadas saben que la asistencia social se va a hacer cargo de sus hijos desde el día siguiente del parto con lo que, en la práctica, van a perderlos después del parto para ser probablemente dados en adopción. Es un elemento que no facilita, en absoluto, el deseo de mantener el embarazo.

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