Ideas para otra economía

Josep Escales
Como buen catalán, nacido un año antes de la guerra en Enviny, pueblo del Pirineo leridano, recordando bien las estrecheces y luchas de la guerra y de la posguerra; habiendo sido testigo del cambio económico en España y luego de los cambios a nivel mundial, propiciados por la globalización a la que nos ha llevado el libre mercado generalizado, uno se ve fuertemente cuestionado por tales sucesos, y no sale de su asombro al constatarlos.
No voy a hacer un análisis de dicha situación pero sí voy a exponer mis puntos de vista, basándome en mi caso concreto personal. Hace quince años que me radiqué en Bogotá; allí estuve impartiendo clases durante seis años. Desde el 2000 en que me jubilé, distribuyo mi vida entre Colombia y Cataluña; allí en el barrio Las Lomas, me dedico a obras sociales y culturales.
Con ayuda y por consejo del párroco del barrio, fundamos una asociación para ayudar a familias a conseguir una casa. Entregamos un conjunto de diez casas prefabricadas, gracias al subsidio del estado y una ayuda del extranjero. Pronto acudieron más de un centenar de familias en busca de una casa.
Seleccionamos las familias, pidiéndoles una aportación para comprar un solar y costear el diseño y cálculo de un atractivo y confortable conjunto cerrado, llamado “Balcón de las Lomas”, formado por doce casitas de unos 70 metros cuadrados, más zonas comunes. Esperamos el subsidio del estado, que nunca llegó. Se acogieron a una financiera que fracasó. Alguien me pidió no seguir con ese grupo. A mí no me pareció bien dejarles en la estacada. Ellos solos nunca hubieran hecho nada con la parcelita simplemente; así que arriesgué todos mis ahorros y les construí el conjunto. Allí lo pude hacer; aquí sería impensable. O sea que de la noche a la mañana, me convertí en empresario sin serlo, y ellos lo saben y se alegran por ello. Pero no resulta ético ni pedagógico recibir una casa sin aportar lo que es justo. Así que cuando tuve ocasión me senté ante ellos y les dije: “Así como les acompañé en tantas otras vicisitudes, les seguiré acompañando ahora, pero exigiéndoles lo debido, con un módico interés. Así podré continuar construyendo más casas”. Me escucharon con mucho interés y respeto y hasta el presente la mayor parte de ellos van pagando. A algunos ha habido que darles un toque de atención, pero enseguida se han dado por aludidos.
Muchas son las reflexiones que a partir de este simple hecho vienen a mi mente. Las empresas en general parten de un objetivo viciado en su base: máxima ganancia con el mínimo riesgo. Y esto trae sus consecuencias: crean falsas necesidades, enfatizan la imagen, favorecen las desigualdades y dejan en la cuneta a los que no pueden hacer frente a los créditos.
La economía solidaria mira necesidades reales, da más importancia a lo esencial que a las apariencias, selecciona por la base y tiene en cuenta sus posibilidades.
Me ha ayudado en gran manera en este asunto el pensamiento y acción de Muhamad Yunus en su libro El banquero de los pobres, y de sus muchas y acertadas ideas, resalto lo siguiente: “Yo creo sinceramente, y la experiencia de Gramen a lo largo de veinte años así me lo ha demostrado, que la ganancia personal no constituye la única fuente de alimentación posible de la libre empresa. Los objetivos sociales pueden suplir a la codicia como fuerza poderosa de motivación. Las empresas impulsadas por la conciencia social, pueden ser unas competidoras formidables de aquellas otras, basadas en la codicia”.
Quiero añadir que este último año 2008, he podido adjudicar seis viviendas más, y ahora no selecciono las familias por su capacidad de aportar un dinero, sino por su necesidad, aunque no de forma indiscriminada. Adquirir una casa es un hecho que hay que merecerlo de alguna manera. Debe haber un salario por lo menos, y un cuidado especial por la familia. No digo una familia normalmente constituida, porque en Colombia la figura del padre falta con bastante frecuencia; es como si formara parte de la cultura. Es éste un problema difícil de explicar y más de erradicar.
Fácilmente se encuentran madres que tienen y aceptan estas condiciones. El saber que, pagando un módico alquiler, al cabo de unos diez años tendrán una casa, les motiva en gran manera. Además familias con varios hijos encuentran mucha oposición para obtener un arriendo. Al ser agraciadas con una casa, saben que nadie les puede echar, si cumplen las condiciones pactadas.
Otra idea que quiero resaltar es que a mí me ha sido posible llevar a cabo estos proyectos en mi etapa de jubilado. El dinero ingresado en Europa, rinde en Colombia. Por eso hay países como Panamá a los que afluyen de forma masiva, gente pensionada del mundo occidental, y allí pasan sus últimos años cómodamente en pasatiempos intrascendentes y superficiales. Si supieran despertar inquietudes personales escondidas, tendrían la oportunidad de realizar proyectos sociales y culturales, que llenarían de sentido sus vidas e incidirían muy positivamente en los demás.

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