Quiero hablar con él mirándonos a los ojos

Imma O’Callaghan
Me salió un marido muy emprendedor. Empezó muy pronto a trabajar duro. La primera empresa que fundó, de aerogeneradores eólicos, se gestó en casa, donde se reunía con los restantes fundadores. Teníamos ya cuatro hijos muy pequeños. Ha trabajado también en la universidad, durante mucho tiempo. Más tarde, rayando los 60 años, creó otra empresa, consultora, donde trabaja actualmente.
Yo, como fui de las que prefirió quedarse en casa a cuidar la prole, tuve que organizar otro tipo de “empresa”, por cierto no remunerada, ¡que ya está bien! Me toca soportar sus viajes, sus reuniones, no saber si vendrá a comer y encima llega tarde a casa. Incluso durante los fines de semana dedica tiempo al ordenador.
A nuestra edad, cuando lo normal es jubilarse, viaja más que nunca y toma el avión como yo el autobús. Creo que estamos perdiendo un tiempo muy bueno para disfrutar juntos, pasear, leer, escuchar música, ver cine o, simplemente, hablar sin prisas, mirándonos a los ojos. Y sobre todo, ahora que somos abuelos de tres simpatiquísimos chicos, poder disfrutar más de ellos.
De todas formas me considero afortunada y no me quiero quejar, porque he aprendido que esta situación no tiene remedio, por el momento. Pero espero que se dé cuenta de que para nosotros lo más sano sería contemplar la vida que nos rodea y ayudar a los demás, en lugar de trabajar tanto, ahora que aún tenemos fuerzas.

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