Algo llamativo

Carlos Osma
No lo había pensado hasta ahora pero seguro que mi ropa y yo tenemos muchas cosas en común, entre ellas el nivel adquisitivo. Los profesores que pertenecemos a la clase media nos podemos permitir ciertos caprichos, pero no compramos la ropa en Versace. Además tengo que reconocer que aunque escojo yo todas las prendas que necesito no pierdo la cabeza por la moda. Entre comprar por necesidad, y hacerlo por placer, me situaría en un punto intermedio.
Suelo ser bastante fiel a mi estilo, que definiría como sport. Valoro ante todo la comodidad y no suelo comprar ropa que sea demasiado llamativa. Me gusta, eso sí, que tenga algún detalle que la haga diferente, pero que no se note a primera vista. Algo que le dé un toque distinto, aunque: ¿cómo va a ser distinta si se venden miles de chaquetas, pantalones, o camisas iguales que las mías? Prefiero no responder a esto y engañarme pensando que al combinar las prendas, yo les doy otro aire que el resto de mortales.
Zapatillas antes que zapatos; si puede ser, el pantalón vaquero; me encantan las camisas, pero no tengo muchas porque hay que plancharlas. Como me afeito la cabeza utilizo gorro en invierno, no me gustan los jerséis muy gordos ni la ropa excesivamente ajustada. Me incomoda cuando se nota que estreno ropa, por eso prefiero el toque “ropa usada”. Hay cosas que sólo me pongo en ciertas ocasiones, y no porque no sea apropiado llevarlas en otros momentos, sino porque las considero especiales. Me cuesta muchísimo deshacerme de la ropa vieja, aún guardo en el armario pantalones de hace más de diez años y que no utilizo.
En cuanto a las marcas, gracias a las tiendas outlet soy bastante fiel a algunas. Esto me permite ahorrar algo de dinero y no utilizar mucho tiempo en ir de compras, aunque tampoco me importa echar una canita al aire de vez en cuando. En pantalones Diesel o Levi’s, en zapatos Camper, si quiero una chaqueta iré a Adolfo Domínguez, las camisas que me pierden son las de Purificación García, la ropa interior de Calvin Klein, el anorak y la ropa de nieve será The North Face. Y si hay una marca que me ha pillado el estilo, cuando quiero vestir un poco mejor, esa es Caramelo. Quizá porque es elegante, pero no llamativa, o a lo mejor porque conjuga a mi gusto lo clásico y lo moderno. No sé, quizás porque me siento bastante identificado con la imagen que tiene esta marca.
Si hablamos de colores, desde que vivo en Barcelona utilizo más variedad. Aquí hay mayor libertad para hacerlo y una gran oferta de ropa masculina mucho más alegre. Tampoco es que me vista de Agatha Ruiz de la Prada, pero el rojo, el amarillo, o el naranja son colores que me gustan, sobre todo en verano. Sin embargo utilizo mucho colores neutros porque son más fáciles de combinar, mi preferido: el azul en todas sus tonalidades. Me queda fatal el negro y también algunos grises. Suelo utilizar chaquetas marrones, huyo de los estampados, y me pierden las camisas o los jerséis a rayas.
No sé exactamente que dice mi ropa de mí, pero sí tengo claro que vivo en una sociedad de consumo que constantemente va creando imágenes y necesidades nuevas para seguir vendiendo. Quizá el estilo, los colores, o sobre todo las marcas, no las escogemos nosotros, sino que son ellas las que lo hacen. No nos engañemos, somos nosotros los objetos de consumo para las grandes multinacionales de la moda.

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