Sea optimista y que sea lo que Dios quiera

Rosario Bofill
Normalmente, por estas fechas, todos los medios de comunicación, periódicos, cadenas de televisión, radios, nadie escapa al reclamo de echar una mirada atrás, hacer un breve resumen de lo que ha acaecido durante el año que termina. A resumir la historia de los 365 días vividos. Quizás en nuestra vida hacemos lo mismo, somos un poco rutinarios y porque el año cambie en un número nos parece importante dar al que se acaba todo lo que le pertenece. Es como una manera de ordenar la vida.
No voy a ser tan distinta para no caer también en esta costumbre y pararme a pensar que ha ocurrido en el 2008. En general ha sido un año lleno de nubarrones. Las guerras de Irak y Afganistán siguen, es más, tristemente nos hemos acostumbrado a, mientras comemos –si tenemos la mala costumbre de tener la televisión puesta – , ver en la pantalla coches carbonizados, cuerpos destrozados: hoy veinte muertos, ayer dieciséis. No hay día que los hombres no vayan al cielo en grupo –tal vez van más acompañados – , por docenas. Y otra lucha terrible es la de israelíes y palestinos que no encuentran la manera de entablar un diálogo y vivir en paz. Ese es otro cuadro que vemos con harta frecuencia: los bulldozers destruyendo viviendas y mujeres y hombres llorando en la calle sin hogar, o un suicida que ha hecho volar un autobús. Todo eso se repite. Eso en el contexto cercano, porque más lejanas están las guerras que entre etnias en África, o están ahí también acechando los grupos fundamentalistas que quieren dominar la India y tantas otras luchas y guerrillas tanto o más crueles. Añadamos el problemático cambio climático y el hambre que afecta a más de 854 millones de habitantes del planeta.
Recuerdo que una vez vi una proyección de los países que tenían electricidad. Surgían unos puntitos amarillos y el resto del mapa del mundo era oscuro. Me impresionó tanto negro y ver como los puntitos amarilllos se amontonaban en América, en las costas de Asia, de África, de Oceanía, y cubrían casi toda Europa. Pero eran pocos los puntos amarillos en comparación de los inmensos espacios sumidos en la oscuridad. Algo así ocurriría si viéramos señalados en color los sitios en que hay hambre y los sitios en que se goza de un relativo bienestar. Veríamos mucha mancha oscura.
Este panorama mundial, no muy alentador, se ha visto ensombrecido con la crisis económica. Naturalmente la mancha de los perjudicados ha corrido como el aceite, y cada día leemos y oímos la cantidad de personas, aquí, en casa, sin ir más lejos, que se quedan en la calle.
Me molesta recrearme en este panorama, porque cada vez entablo una lucha más tenaz contra el pesimismo: no se puede, no se debe vivir con pesimismo. Me gusta la gente que sabe mirar el mundo con algún resquicio de luz. Ayudan a mejorar la vida.

Por suerte este año pasará a la historia por un hecho que ha sido el más sorprendente desde hace muchos años. Las elecciones de Estados Unidos, de las que gracias al director adjunto, Jordi Pérez Colomé, hemos podido tener informados de primera mano a nuestros lectores. Un hombre joven, negro, Barack Obama, se ha alzado con un discurso que ha llegado al pueblo. Confieso que cuando leí el primer discurso que hizo como candidato a la presidencia, me emocioné. Como los que le oían en directo. Consiguió que cada ciudadano, uno a uno, se convencieran a sí mismos de que ellos podían cambiar América. No eran sólo promesas, sino que eran reflexiones, llamadas personales, a que reaccionaran y la gente respondió. Últimamente no se había visto nada igual.
O sea que para los pesimistas, este año que termina, ha habido algo que ha demolido, al menos en parte su pesimismo. Sí, algo se puede hacer. Pero, no vaya yo a pecar de optimismo. Los pesimistas no se dejan vencer tan fácilmente y ahora lo que más les gusta es repetir insistentemente, si Obama podrá mantener el entusiasmo, si Obama podrá cumplir el programa que propone, si Obama sabrá, como ha sabido conquistar los millones de votos, lograr las distintas metas de paz y de justicia que anunciaba. Para los pesimistas –que ellos se consideran realistas – , lo mejor es sembrar la duda. A los pesimistas no les gusta darle tiempo al que será el nuevo presidente, a los pesimistas les gusta asustarnos a todos porque a su parecer las cosas buenas no pueden pasar en este mundo. Los pesimistas sólo tienen memoria para recordar que mataron a Luther King, pero no tienen memoria para recordar lo que Luther King consiguió. Sin él este hoy, con un negro o mulato, como quieran, en la Casa Blanca no hubiera sido posible.

La victoria de Obama es una gran victoria de la democracia. Algo que nos ha hecho vibrar y participar, a miles de kilómetros de distancia de las elecciones más apasionantes de Estados Unidos en el siglo pasado y en este siglo.
Me gusta de momento quedarme con esto. No me gusta pensar si irá mal, no me gusta poner en duda su programa. Me gusta pensar que sobre la piedra de una gran victoria conseguida con los votos de millones de personas, se puede construir un buen edificio.
Perdonen la comparación, pero es como si mientras estamos alegres comiendo una buena comida, alguien nos estuvieran advirtiendo repetidamente: “Ya verás qué mal te sentará”, o que cuando vemos un hermoso recién nacido dijéramos, “pobrecito con lo que tendrá que sufrir, con lo dura que es la vida, lo mal que lo pasará”. Si algo es importante es que hay que dar tiempo al tiempo. Barack Obama ha ganado. Ya es un paso. Un paso gigantesco. Lo que podrá hacer o no podrá hacer ya se verá. De momento celebro su victoria.
El 2008 no ha sido un año especialmente bueno. La crisis económica está dejando a muchos sin trabajo, las guerras siguen, pero el triunfo de un hombre que ha sabido llegar al pueblo, la grandeza y buenos modales con que su opositor ha encajado la derrota, son cosas para que todos, a nuestro modo, a nuestra manera aprendamos. De momento ahí estamos. El momento es delicado pero el horizonte puede verse con esperanza.
Durante unos años colgué en mi despacho un chiste de Ops que decía “Sea optimista y que sea lo que Dios quiera”. Pues eso, amigos. Buen 2009.

Revistas del grupo

Nuestra redacción

Publicidad