Esto sí que es marcha atrás

Rosario Bofill
Siempre me ha sorprendido, y conste que he leído los cuatro evangelios varias veces, no leer en ellos una diatriba de Jesús contra los romanos. Los romanos dominaban el país, los romanos ponían grandes impuestos a los judíos, despreciaban y humillaban al pueblo y por ello no tenían la simpatía de nadie. Es más, el pueblo esperaba que el mesías los liberara de aquel yugo. Pero Jesús nos sale con aquel: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.Y zanja la cuestión. No organiza ninguna manifestación contra los romanos. Predica la buena noticia de amor entre los hombres, acusa a los maestros de la ley de no cumplir lo que dicen, y repite una y otra vez que lo único importante es amar a Dios y amar al prójimo.
Nuestros obispos, o al menos muchos de nuestros obispos, sí salen a la calle. Es para defender la familia, dicen. Esa familia que en distintas etapas de la historia ¡ha vivido modelos tan distintos! Salen a clamar contra el divorcio, contra el aborto, contra los matrimonios homosexuales. Claro que tienen todo el derecho –y quizá el deber– de decirnos las normas que ellos consideran morales para nuestro tiempo. Pero lo malo es que en medio de esta defensa viene el ataque. Monseñor Cañizares cree que “la sociedad española vive una gran amenaza social con legislaciones inicuas e injustas”. No se menciona claro, las ayudas a familias numerosas, los permisos de paternidad y maternidad, la ley de la dependencia. Menudencias deben pensar, que no vale la pena tener en cuenta. El aborto, los matrimonios homosexuales, los divorcios, se llevan la palma, ellos, sobre todo ellos, son la culpa de todos los males. “La cultura de laicismo es un fraude –dice Agustín García Gascó – , nos dirigimos hacia la disolución de la democracia”. Y otras frases como estas que van directamente contra el gobierno.
Es un peligro que los obispos hagan política, porque parte del pueblo piensa distinto que ellos y quedan catalogados. A la hora de votar no tienen tanta influencia, o eso esperamos. Los obispos cuando se han metido en política no siempre han acertado y la imagen de la Iglesia ha quedado dañada.
Luchamos mucho en años anteriores para mantener la independencia de la Iglesia y el Estado. Esa actitud de la Iglesia española, la de ahora, eso sí que es marcha atrás. Necesitamos una Iglesia de paz, de razonamientos, no de proclamas y soflamas, una Iglesia más exigente con la justicia social y la eliminación de la pobreza, una Iglesia que no nos aleje sino que nos acompañe. Que ofrezca, no que exija. Que no rompa el diálogo, sino que lo provoque, una Iglesia que no se apoye sólo en unos grupos incondicionales y un tanto fundamentalistas.
Hay que ver cuando habla el presidente de la Conferencia episcopal, monseñor Blázquez, cómo se apacigua el ánimo, cómo una correría a darle las gracias porque se debe tener más valor al hablar con un lenguaje comprensivo y convincente, que no al salir a la calle, con la Virgen en andas inclusive. Vivimos una España revuelta. Contribuyamos a la clarificación y a la paz.

Revistas del grupo

Publicidad