Tres palabras

Josep Lligadas
Escritor y teólogo
El comunismo, además de recordarnos a Stalin o a Breznev, nos recuerda también a muchísimos hombres y mujeres que dedicaron sus vidas a luchar por la dignidad y el bienestar de los trabajadores y de los sectores más débiles de la sociedad. Yo, para contestar a la pregunta del título, voy a fijarme en estos últimos, los que vivieron y viven esta palabra como un ideal que cualquier persona honesta puede y, creo yo, debería apreciar profundamente.
Situados en esta perspectiva, lo que debería quedar del comunismo se me resume básicamente en tres palabras: deseo, conciencia y lucha.
La primera, deseo. Es lo fundamental. Un gran deseo de un mundo digno para todo ser humano. Que toda persona pueda tener lo necesario para vivir, sin sentirse amenazado por nada ni por nadie, sin sentirse humillado por quien tiene más que él y se sabe más poderoso que él. Un deseo de igualdad, de riqueza equitativamente repartida, de respeto para todos. En definitiva, aquello que con espléndida ingenuidad resumía el profeta Miqueas: “Cada uno podrá sentarse bajo su parra y su higuera, sin sobresaltos ni temores”.
La segunda palabra, conciencia. Es decir, ojos abiertos para darse cuenta de que el mundo se parece muy poco a ese deseo, y convencimento de la necesidad de trabajar para que llegue a parecérsele. En las épocas en que nació el ideal comunista, sin duda esa conciencia era algo que resultaba más obvio. Los trabajadores de las fábricas no debían esforzarse mucho para convencerse de que había que cambiar aquella situación, y los que gozaban de una vida más acomodada bastaba con que abrieran un poco los ojos para llegar a la misma conclusión. Ahora no. Pero la injusticia y la desigualdad siguen ahí. En el tercer mundo, sin duda. Pero también más cerca hay mucha angustia escondida.
Y la tercera, lucha. O mejor, voluntad de lucha. Esto debería cambiar, y además vale la pena hacer lo posible para que cambie. Las estrategias no pueden ser las de hace cien años, pero debe haberlas y hay que buscarlas. Lo mejor que nos ha dejado el comunismo es una llamada a no creerse lo de que “las cosas son como son y no se puede hacer nada para que sean de otra manera”. El comunismo nos sigue invitando a indignarnos y a ser consecuentes con esa indignación.

Revistas del grupo

Publicidad