Vivir del futuro

Jaime Loring
Profesor y jesuita
El siglo xix y la primera mitad del xx han estado configurados por la confrontación entre las ideologías de derechas y de izquierdas. Esta confrontación ha estado en la base del progreso social de Europa, y por extensión, se ha extendido a otras áreas del mundo. El papel jugado en la historia de Europa durante cerca de 200 años por la izquierda ha estado basado en dos características ideológicas: a) la lucha por la justicia social, que defiende los derechos de los individuos y grupos menos favorecidos por las estructuras dominantes, y b) la confianza en que la transformación de los sistemas establecidos era posible, y que habrían de conducir a un futuro mejor.
La confrontación ha sido larga. De una parte y de otra ha habido abusos de poder, persecuciones violentas, la sangre ha corrido. La historia de los hombres está llena de sucesos poco glorificantes. La tentación de la izquierda en este comienzo del siglo xxi es vivir más del recuerdo y de las tradiciones de lo que fue la izquierda de nuestros abuelos, en lugar de situarse en una posición intelectual creativa del papel que ha de jugar en el siglo xxi. Lo podríamos sintetizar en tres puntos.
1. El sistema económico: la confrontación entre la izquierda y la derecha en estos 150 o 200 años se ha traducido en el manejo de dos términos, incansablemente repetidos capitalismo vs. socialismo. La verdad es que no ha sido la confrontación entre dos sistemas económicos, sino la confrontación entre dos maneras de gestionar el mismo sistema. El objetivo de ambas gestiones ha sido el mismo: la creación continua y acumulada de riqueza. El instrumento empleado por unos y otros ha sido el mismo: la recuperación de las inversiones mediante el excedente productivo, para reinvertirlas de nuevo. El manejo del instrumento por unos y por otros ha sido el mismo: el incremento de la productividad. La diferencia estribaba sólo en la forma de organizar la toma de decisiones: por un único centro de poder, o por una dispersión de los centros de poder. Al final esta segunda alternativa ha resultado ser más eficaz. Ha llegado el momento de poner en cuestión no la forma de gestionar la generación continua y acumulada de riqueza, sino la propia generación de riqueza. Porque lo que ha sucedido no es sólo que en 200 años la riqueza de los países industrializados ha crecido, sino que además se ha producido una concentración de la riqueza mundial en esos países. El desequilibrio mundial a que se ha llegado no tiene parangón. Este desequilibrio es la consecuencia del sistema capitalista que ha dirigido la revolución industrial y tecnológica. Ha llegado el momento de que alguien rompa el horizonte nacionalista de los problemas económicos para hacer planteamientos universales. Esta reinversión en el planteamiento de los problemas debería hacerla la izquierda.
2. La estructura política: el abandono del sistema de las monarquías absolutas para asumir el sistema de las democracias parlamentarias constituyó un importante progreso de democratización del sistema. Queda por dar un paso más hacia adelante: que los partidos políticos cedan a las organizaciones sociales parte del poder que detentan. Los partidos políticos son necesarios, son imprescindibles. Pero no son la única forma de participación de los ciudadanos en la vida pública. Los reyes se resistieron a abandonar el poder absoluto de la corona, y hoy los partidos se resisten a abandonar sus prerrogativas de poder político. Entiendo que la izquierda tiene una importante tarea de transmitir a la ciudadanía el interés por los problemas de la comunidad social, de promocionar cauces de participación, e iniciar los cambios legislativos precisos para que otras organizaciones sociales, distintas de los partidos, tengan participación en la vida pública.
3. Los valores culturales: la corrupción se maneja como arma política, afirmando que los corruptos siempre son los otros. Lo que a mi juicio cabría esperar de la izquierda no es que arroje basura a los ojos de sus adversarios. Esa técnica se inventó ya hace mucho tiempo. Lo que se puede esperar de ella es que genere un clima social de apreciación de los valores éticos en la conducción de la política y la economía. Yo esperaría de ella menos acusaciones hacia sus adversarios y el empleo de un lenguaje de exaltación y apreciación positiva de los valores éticos.

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