La crispación

Barack Obama ya está en la Casa Blanca. En pocos días ha conseguido también una de sus grandes promesas electorales para frenar la crisis económica: el plan de estímulo. Pero lo obtuvo sin otra de sus grandes promesas: llegar a acuerdos con el partido rival, los republicanos. El plan de Obama pasó el Congreso sin votos republicanos y en el senado consiguió tres escasos pero indispensables votos de senadores del otro partido.
Aparentemente, Obama cumplió su parte de la promesa de evitar la confrontación política: se reunió con miembros republicanos del congreso, atendió sus peticiones, les dio algunos roles en el gobierno. Aunque no fue perfecto: el jefe de la minoría republicana lamentó no haber tenido tiempo para leer las casi mil páginas del plan por las prisas de la administración Obama.
Sea como sea, los republicanos votaron casi en bloque que no al plan de estímulo. Seguían las premisas del partido, que tenía dos opciones: intentar hacer el mejor plan posible para el país o decir a todo que no y empezar a quejarse de los errores demócratas desde el inicio. Escogieron la segunda. Es curioso. En principio, los políticos deben estar al servicio de los ciudadanos, no del poder. Si el partido en el gobierno te pide tu ayuda para hacer algo importante, el bien común exigiría que dieras lo mejor de ti y de tu partido para mejorar el proyecto. El problema es que, si el resultado es bueno, el éxito lo cosechan los otros, el gobierno.
Así que según las reglas de la política actual parece mejor quejarse desde el primer momento y esperar a que las cosas salgan mal para pescar en río revuelto y ganar las siguientes elecciones. Esto es de un cinismo notable. También ocurre en España. El partido de la oposición critica y el gobierno se defiende. Es inmensamente cansino. Son interminables partidas de tenis en forma de cruce de declaraciones.
El esfuerzo de Obama por romper esta triste rutina es loable y hay que apuntarle el tanto. Por eso es ligeramente ridículo ver cómo partidos y políticos españoles se llenan la boca con las palabras de Obama, la ética de Obama y la proyección de Obama para atraer algo de su éxito. Lo mejor que podrían hacer es imitarle en los hechos y predicar menos.

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