Las instituciones

Eduard Ibáñez
Yo confío en el conjunto del entramado institucional de nuestro país, confío en mi familia y amigos y confío en Dios.
Nuestro país goza de una sociedad libre y abierta, donde el derecho es generalmente respetado y donde un entramado de poderes y contrapoderes garantiza una convivencia ordenada, en continuo progreso y en paz: un sistema de justicia que, con todos sus déficits, suele actuar con seriedad e independencia: parlamentos, organismos de vigilancia y medios de comunicación que controlan a quienes gobiernan, partidos políticos libres en mutua competencia y una ciudadanía relativamente organizada y crítica. Por ello me fío del funcionamiento institucional de este país, a pesar de que, en ocasiones, algunos de sus servidores actúen de forma errónea o deshonesta. Esto es algo que jamás podrá evitarse de forma absoluta. Sinceramente, pienso que se da de forma muy minoritaria y suele detectarse.
Pero si me pregunto de quien me fío yo verdaderamente en mi vida, quién no me fallará jamás, con quién puedo compartir mis flaquezas y mis dudas, mi respuesta es clara: mi familia y mis amigos más cercanos. Todos ellos son el pilar más sólido de mi estabilidad psíquica y emocional, y sin ellos vivir sería realmente una empresa realmente tensa y agotadora.
En último término, tengo depositada mi confianza en Dios, que es quien me sostiene cada segundo. La garantía última de que el final de mi historia personal y el final de la historia de la humanidad son buenos, a pesar de todo. Ninguna víctima quedará sin resarcimiento. Se hará justicia para todos. Nada de todo aquello que vale la pena, ni una gota de lo bueno y lo bello que existe y ha existido, ni un solo acto de amor, ningún ser humano, desaparecerán ni se echarán a perder. Todo está llamado a salvarse en ese fundamento que llamamos Dios.

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