Me gusta comunicarme

Rosario Bofill
Mis padres no querían que estudiara. ¡Qué tiempos! Lo normal al salir del colegio era para muchas familias burguesas que la chica se casara. Así que me dediqué al inglés, a la pintura. Al cabo de unos años decidí, con bastante oposición familiar, que estudiaría para ser asistente social. A esto accedieron. Al acabar trabajé un par de años. Pero a mí lo que me gustaba era el periodismo. Al periodismo entré por otro camino. En mi juventud se hacían reuniones de chicos y chicas en las casas. Un día, en una de estas reuniones estaba Lorenzo Gomis. Le expliqué que en las clases de literatura de asistente social el profesor, catedrático de literatura, Antoni Comas, me había puesto un diez. Ese diez me abrió camino. Lorenzo me contestó que por qué no escribía en El Ciervo. Al final dejé de trabajar de asistente social y entré como secretaria en El Ciervo. Iba a las reuniones del bar Terminus, y escribía algo cada mes. En 1958 nos casamos y con los años vinieron la hijas.
En 1964 se abrió la escuela de Periodismo de la Iglesia en Barcelona, en la Escuela del CIC. (En Barcelona no había escuela oficial.) La escuela del CIC era una filial de la escuela de periodismo de la Iglesia de Madrid. Al acabar la carrera, tras el examen en la escuela de Madrid se pasaba a examinarnos en la Escuela oficial para convalidar el título. Con Lorenzo pensamos que esta era mi ocasión. El Ciervo tenía muchos colaboradores pero el título de periodista sólo lo tenía él y el Ministerio de Información y Turismo exigía que hubiera tres periodistas en plantilla. Así que, encantada, decidí estudiar periodismo. Siempre me había gustado, el único obstáculo era que, en aquel momento, yo estaba embarazada de mi tercera hija. Pero ni Lorenzo ni yo vimos problema alguno. Me examiné para ser admitida a la carrera con una barriga de ocho meses. Muchos periodistas que estudiaron conmigo me recuerdan gorda y un poco despistada porque mis compañeros solían tener 17 o 18 años y yo tenía 34.
Seguía por las mañanas trabajando en El Ciervo y por las tardes iba a las clases. Era una escuela abierta, progresista, con profesores profesionales de primera calidad, todos demócratas –menos alguno más simpatizante del régimen, para disimular. El gobierno veía la escuela con mucho recelo. Para mí los tres años que estudié fueron tres años estupendos. Tenía tres hijas, trabajaba en la revista y estudiaba. Lo pasé muy bien. (Como siempre me había gustado ser periodista, recuerdo que el último año del colegio de religiosas dirigí una revista con el inefable título de Entre nosotras. No sé cuanto duró.)
Acabé la carrera y seguí trabajando en El Ciervo pensando siempre que quería entrar en algún diario también. Pero a Lorenzo se le acumulaba el trabajo en La Vanguardia y en la universidad así que no podía estar en el El Ciervo todo lo que debía. Juan Gomis estaba en Justícia i Pau. Seguí pues en El Ciervo y aún estoy.
Siempre me había gustado ser periodista. Tengo bastante facilidad para escribir, saber qué pasa en el mundo, comentarlo y transmitirlo sin falsear las noticias. El periodismo es una comunicación con la gente que sin decírnoslo nos agrupa a unos con otros. Es diálogo. Hace el mundo más grande y que, bien o no tan bien, nos conozcamos. No imagino un mundo sin periódicos.

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