Las tres claves que los periodistas no nos dan

Matt Thompson
He llegado a la conclusión de que hay cuatro partes clave en la información, y que normalmente sólo obtenemos una, aunque el periodista tenga las cuatro. Y eso que las otras tres son quizá más importantes. Nótese que cuando digo “información” me refiero a un tema de actualidad en curso, como la “reforma sanitaria norteamericana”, y no a un artículo concreto. De hecho, he pensado mucho en la reforma sanitaria últimamente, así que quizá sea un buen asunto para ayudar a ilustrar lo que quiero decir. Empezaré con la parte de casi todas las informaciones que obtenemos a montones.

Lo que nos dan
Cojamos por ejemplo una página de la edición digital del Washington Post sobre la reforma sanitaria. Incluye una lista de titulares de acontecimientos recientes en el debate sanitario: miembros del Partido Demócrata dicen que un plan público es esencial, senadores claves impulsan cooperativas como alternativa, los pacientes quieren más transparencia en los vínculos de los médicos con las farmacéuticas, etc.
Esto es lo que la mayoría de los medios consideran la base del periodismo: las noticias. Para que cualquiera de las otras partes de una noticia tenga fuerza, debe encajar en una estructura donde la información sea la principal atracción.
Por supuesto, esta es también la pieza más efímera de una información. La realidad que esos titulares reflejan hoy, probablemente cambiará mañana por completo. El principal artículo, sobre la líder del Congreso, Nancy Pelosi, y otros demócratas que insisten en que el plan público sea esencial, refleja un momento aislado de un gesto político en una interminable tormenta de señales enviadas a través de comunicados y ruedas de prensa, entrevistas, mediante portavoces o Twitters, o durante apariciones en la tele. En unas semanas esta noticia perderá su significado actual.
A menudo se teoriza que con el tiempo, el peso acumulado de todas estas noticias se comprime en una especie de comprensión, pero no me convence. En cualquier caso, ese sea quizá el peor fundamento para basar el periodismo, especialmente si consideramos que es sólo un componente de la parte siguiente, más importante:

Lo que no nos dan
1. Los hechos que perduran. En la escala de la información, casi todas las noticias parecen complicadas. La reforma sanitaria es un atolladero imposible de seguir, de comités en el Congreso, propuestas políticas, puntos de vista de la industria farmacéutica e informes de expertos. Si cambiamos el punto de vista, en cambio, se ve una historia bastante sencilla, cuyos contornos básicos no han cambiado apenas desde 1994.
Hay un conjunto de hechos que permanece esencialmente fijo de un día para otro. Mañana podremos estar seguros de que los tres problemas básicos que la reforma sanitaria trata de resolver serán los mismos que el año pasado: eficiencia, costes y acceso. Las mismas personas encabezarán los mismos comités que en primavera. Los lobbies de los distintos frentes defienden posturas ligeramente distintas a las que tenían hace quince años, pero estos cambios han sido comunicados durante años, y todos estaban ya firmes en sus respectivas esquinas el pasado mes de junio, cuando empezó el debate. Entender las fuerzas que se unieron para derrotar las reformas de la asistencia sanitaria en 1945 y 1994 dan una sólida ventaja para comprender la batalla de 2009.
La historia es mucho más manejable a este nivel. Todo lo que cambia día a día –las noticias– es el componente más difícil de entender de este cuadro. Esta es la clave: para seguir las noticias, uno tiene que entender esta pieza. Sin eso, los titulares sobre “la opción pública”, las opciones del empresario para dar seguro médico a sus empleados o pagar a un fondo público para cubrir a los que no están asegurados, o el “MedPAC” (agencia congresual independiente que asesora al Congreso), son sólo ruido. Esta comprensión básica genera el deseo de noticias.
En realidad, estos hechos duraderos son el verdadero fundamento del periodismo. Pero en la práctica tienen un papel secundario en las noticias, condensados sin sentido en un párrafo a mitad de una información, escondido en un rincón remoto de cualquier web de noticias. Volvamos a la página del Washington Post. Hay un link en el extremo derecho, al que se llega tras bajar un tercio de la página, etiquetado como “Qué necesita saber”. Si se clica en ese link, lleva a un post de cinco párrafos, sin links, de mayo. Esto es lo que básicamente resume nuestra propuesta para dar el trasfondo necesario para seguir las noticias.

2. Cómo saben los periodistas lo que saben. Este es un componente de toda información que los periodistas tienden a no dar por dos razones: 1) explicar cómo conseguimos la información trastoca nuestra autoridad institucional, y 2) pensamos que hace las historias menos interesantes.
Creo que ambas asunciones son erróneas. Entender cómo se consigue una noticia es a menudo una parte vital tanto para comprender como para disfrutar de esa historia.
Una vez más usemos un artículo sobre la reforma sanitaria. El 5 de agosto, el New York Times lanzó una bomba para los seguidores del debate de la reforma sanitaria. El periódico informó de que la Casa Blanca había firmado un trato entre bastidores con la industria farmacéutica para impedir que el Congreso negociara a la baja los precios de los medicamentos a cambio de 80 mil millones de ahorro para la industria. El artículo que contenía estas revelaciones es un torbellino de poses –está lleno de partes que se retractan o las “reconocen en privado” o lanzan globos sonda. No sabemos casi nada sobre cómo los periodistas consiguieron la noticia. El artículo parece una ráfaga de confusión. Semanas más tarde, otros periodistas tratan aún de recorrer el camino de la historia, de quién dijo qué, cuándo y por qué –la “verdadera noticia”, en otras palabras – , oculta entre las líneas que aparecieron en el Times ese día.
Lo que minaba la autoridad institucional del Times en este caso no hubiera sido la revelación de la perspectiva del periodista o sus métodos. Es la percepción de que el periódico está siendo utilizado como instrumento por otros intereses. La falta de transparencia del Times sobre su proceso contribuye a animar esta percepción.
En cuanto al aspecto narrativo, la pieza indiscutiblemente más efectiva sobre la reforma sanitaria este año fue un artículo en la revista New Yorker del doctor Atul Gawande. Kaiser Health News publicó un artículo sobre su impacto donde pedía a un panel de expertos en salud que comentara por qué era tan bueno. Casi a la vez que se publicó el artículo de Gawande, las referencias comenzaron a aparecer en los discursos del presidente Obama. Créanme, fue importante.
Si leen ese artículo quizá se sorprendan de cuánto espacio da Gawande a su proceso periodístico. A cada giro, Gawande lleva al lector a través de lo que él ve exactamente, con quién habla y cómo llega a sus conclusiones. En una escena reúne a seis doctores para cenar, y reproduce partes de su conversación sobre los costes de la atención médica. Es extraordinariamente efectivo, tanto como narración como pieza periodística.
Lo que Gawande hizo fue estructurar su búsqueda de la verdad como una búsqueda narrativa. En lugar de esconder los detalles acerca de cómo obtiene su información, los convierte en el centro. Por el camino, nos hace aprendices en su búsqueda de la verdad. Acabamos el artículo con un sentido sumamente refinado de cómo Gawande adquirió y verificó la información que da, además de con un marco para nuestras indagaciones posteriores.
Conseguimos mucho más con este tipo de reportajes que con la inmensa mayoría de noticias que se dejan estos detalles fuera.

3. Las cosas que no sabemos. A menudo pensamos en el periodismo como algo que abarca lo que sabemos. Pero una parte clave del periodismo que normalmente queda sin cubrir es lo que no sabemos. Esto en buena parte no es controvertido: todas las informaciones son de hecho una mezcla de hechos e incertezas. Esto debería ser igual de poco controvertido, pero no lo es: para los periodistas es igual de importante enunciar lo segundo como lo primero.
En un excelente artículo en la web Poli​ti​fact​.com de Angie Holan da el raro paso de explicar “Qué es lo que aún no sabemos”. Bajo ese titular, Holan enumera unas pocas preguntas clave que ningún periodista que cubra la reforma sanitaria puede responder: ¿Habrá una opción pública o una variante? Si es así, ¿qué incluirá? ¿Hará reducir los costes a largo plazo? ¿Cómo lo pagará el Congreso? Si se sigue el debate por un tiempo, se descubre que esas son las preguntas que guían la información sobre la reforma sanitaria. Con la búsqueda de las respuestas a esas preguntas es como los periodistas dan con las noticias.
Pero rara vez reconocemos lo que buscamos. Cuando nuestras preguntas se hacen un hueco en la cobertura, deben aparecer en boca de nuestras fuentes, lo que resulta en piezas ridículas y retorcidas. O no se atribuyen a nadie, confundidas en un titular que sólo dice: “[Tal y tal] plantea preguntas”. ¿Las preguntas de quién? No las nuestras, ciertamente.
Cuando Angie Holan enumera las incertezas que rodean la reforma sanitaria, ofrece una especie de suspense: ¿la ley del Congreso incluirá una opción pública? ¡Sigan conectados para averiguarlo! No sólo nos da un marco para anticipar (y por tanto manejar) la información que vendrá a continuación, sino que también aviva nuestro interés.

Un cambio de modelo
Mientras las noticias se estructuren sólo alrededor de lo que acaba de suceder, los periodistas librarán una batalla dura. Con un enfoque de sólo-​últimas-​noticias, crece la demanda de periodismo sólo al intentar enganchar la atención de la gente con nuevos desarrollos.
Pero hay otra manera, que lleva a un público más informado y leal, y que nos permite hacer mejor el trabajo. Implica tres cosas:
Primera, ampliar el mercado para el periodismo al hacer más fácil la comprensión de los hechos que perduran detrás de cada historia.
Segunda, incrementar el atractivo del periodismo al dejar entrar a los lectores en los detalles de nuestro intento de desvelar la verdad.
Tercero, extender el apetito de periodismo para explicar lo que no sabemos y en qué trabajamos para averiguarlo.
Como consumidores de noticias, deberíamos pedir también todas estas cosas. Después de todo, ahora sólo nos dan una parte coja de la información.

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