«Periobusiness»

Lluís Pastor
Cuando nos preguntamos si el periodismo tiene que ser negocio, probablemente estamos pensando en los males del periodismo y la pregunta es sólo un síntoma de otros pensamientos profundos.
Y es que el periodismo es un espejo de la sociedad en la que vivimos; siempre ha sido así. El periodismo es ese espejo imperfecto que retrata una sociedad. Podríamos vivir sin espejos, es cierto, pero todo sería distinto.
El periodismo, como decía Lorenzo Gomis, es mediación. Esa es la clave de este trabajo y por eso mismo el periodismo suele recibir el palo cuando nuestra sociedad no acaba de gustarnos. El periodista siempre se encuentra en el medio, el periodista pone el espejo para que contemplemos el paisaje que habitualmente pasa inadvertido. En eso consiste el periodismo: en buscar información entre fuentes interesadas en contarnos lo que les interesa para hacérsela llegar a los ciudadanos que tienen interés en conocer qué es lo que está pasando, qué hay de verdad en lo que las fuentes quieren contarnos. Por lo tanto, la función del periodismo parece necesaria. Podría afirmarse que el periodismo, desde este punto de vista, es un servicio público. Ninguno de nosotros podría compaginar el trabajo y la familia con la tarea de recuperar directamente de las fuentes la información de lo que nos interesa para entender el mundo.
Visto así la ecuación fuentes, periodista, público sería fácil de despejar. Explicado así, esta ecuación no tiene “x”. El medio de comunicación realiza un servicio público por el que el lector, el oyente, el telespectador o el usuario de la red paga. Pero el resultado que un medio de comunicación presenta a su público es fruto de un trabajo coral: son muchos los especialistas de distintos ámbitos los que trabajan en un medio, son muchos los hábiles comunicadores que colaboran para que el resultado final pueda ser del agrado del público. El periodismo es un trabajo coral y, por lo tanto, resulta caro. Un diario, una revista, un programa de televisión cuesta mucho dinero. ¿Quién lo paga? ¿El lector? ¿Quién está dispuesto a pagar más de 3 euros por un diario?
Los directivos de los medios de comunicación saben que el público está interesado en conocer lo que le van a contar pero no lo suficiente como para pagar mucho dinero por ello. A veces el público ni siquiera se plantea pagar un céntimo. Esa es la razón por la que los medios deciden “vender” a su público a los anunciantes. Si una empresa muestra interés en llegar a determinado público acaba pagando por acceder a él. Entonces, la publicidad pone el dinero que el medio no se atreve a pedir a su público.
Muchos productos podrían hacer lo mismo. Los libros, si llevaran publicidad, podrían ser mucho más baratos. Pero la actitud que tenemos cuando compramos un libro es radicalmente distinta de la que nos lleva al quiosco a comprar un diario. Por un libro no nos importa pagar 20 veces más que por un diario; creemos que el retorno en conocimiento o en emociones que nos proporcionará bien lo vale. En cambio, con los contenidos de los medios de comunicación nuestro interés es menor, no leemos todo lo que un diario cuenta –a veces sólo ojeamos los titulares – , no prestamos a un programa de radio la misma atención que les ofreceríamos a nuestro profesor favorito.
¿Debe ser un negocio el periodismo? Sí. El periodismo es un servicio público que está obligado a tener una financiación privada, entre otras cuestiones para preservar su libertad de pensamiento y de acción. Y alguien tiene que pagar por lo que el periodismo ofrece si realmente se siente interesado. Los nuevos sistemas de distribución de la información a través de la red, los dispositivos móviles o cualquier nuevo artilugio que mejore nuestro consumo de información obligarán a que las empresas que hacen medios de comunicación deban pensarse una y mil veces quién paga por su trabajo. Piense usted lo que sería vivir en un mundo sin espejos.

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