Mis recetas personales para salir de la crisis

Pere escorsa
Mi admirado Nassim Taleb (El cisne negro) insiste en que las predicciones de los políticos o los economistas no son mejores que las de los taxistas o los peluqueros. Los trabajos de muchos premios Nobel de Economía, del tipo “aspectos matemáticos de la teoría del equilibrio general en los mercados en competencia perfecta” se han revelado absolutamente inútiles para predecir o para hacer frente a la grave crisis actual.
Los gobiernos, sorprendidos, han reaccionado como han podido, recordando lo que sucedió en la Gran Depresión de los años 30 del pasado siglo, desempolvando las ideas de Keynes y mostrando más o menos sentido común. Ahora ciertos indicadores parecen mostrar que lo peor ha pasado y algunos quieren volver a la situación anterior. Por ejemplo, “expertos” de bancos de Wall Street que han recibido cuantiosas ayudas públicas, vuelven a asignarse sueldos escandalosos. La economía española no muestra todavía señales de recuperación y, con cuatro millones de parados, no podemos conformarnos en volver “a lo de antes”. Por otra parte, Benedicto XVI, en su reciente encíclica, acaba de señalar que “hace falta un replanteo total del desarrollo”.
Con humildad, y sin pretender representar la opinión de El Ciervo, me atrevo a mojarme y presentar, a título personal, mis opiniones para intentar salir de la depresión actual.
En primer lugar, el sistema financiero español atraviesa una situación difícil, a pesar de haber recibido cuantiosas ayudas públicas. Ha prestado excesivamente al sector inmobiliario y, a su vez, ha recurrido a la financiación exterior, endeudándose considerablemente. La situación sería peor si el Banco de España no le hubiese obligado a efectuar provisiones mucho antes del estallido de la crisis. El Banco de España deberá continuar regulando y supervisando estrechamente al sistema financiero. Pero está sucediendo, además, algo insólito: el gobierno ha abierto líneas de crédito en favor de las pymes, a través del ICO –el Instituto de Crédito Oficial– que deben ser gestionadas por la banca y las cajas, pero estas instituciones se han resistido a conceder créditos a las empresas, alegando que estas operaciones no eran rentables. Esta impotencia del gobierno en llegar a las empresas debería corregirse agilizando el ICO o, si fuese necesario, creando un banco público que trate directamente con ellas.
El marco laboral necesita una urgente reforma. No se puede continuar con la aberrante distinción entre los trabajadores temporales (muchos de los cuales han sido despedidos) y los que tienen contrato indefinido (que no pueden ser despedidos porque las indemnizaciones son elevadísimas). La reforma debería aproximarse progresivamente al modelo de la flexiguridad danesa: despido fácil, con modestas indemnizaciones –mantenimiento de un 90 por ciento del sueldo– formación obligatoria encaminada a las nuevas demandas. Los sindicatos, radicalmente en contra, subestiman la capacidad de creación de empleo de las empresas si las condiciones fuesen favorables.
¿Qué prioridades para la economía española? Sin duda las tres recomendadas por Obama: sanidad, educación y energías renovables, a las que añadiría la agroindustria. En sanidad y renovables debemos seguir entre los lideres mundiales (por cierto, ¿por qué el frenazo actual a las ayudas a la energía fotovoltaica?) En cambio, en educación los problemas se acumulan: fracaso escolar, dificultades en la adopción del plan de Bolonia. Limitándonos al ámbito de la investigación y desarrollo (I+D) los presupuestos, tanto los públicos como los privados, deben aumentar, dirigiéndose no tanto al incremento de las publicaciones científicas, donde la mejora ha sido considerable –¿saben ustedes que Barcelona es la cuarta ciudad del mundo y la primera de Europa en artículos científicos sobre nanomedicina?– sino a su aplicación por las empresas en la solución de problemas reales.
La economía postcrisis debería apostar decididamente por un modelo mucho más austero, solidario y respetuoso con el medio ambiente. Por tanto, fomento del transporte público –el tren – , de la bicicleta, de la eficiencia energética, de los vehículos eléctricos, de la captura del dióxido de carbono, incremento radical de la cooperación con los países menos desarrollados en América Latina y África.
Por último, en el frente social combate decidido contra el alcoholismo y la droga, que afectan a buena parte de la juventud. Ayuda a las familias y a las madres solteras, en lugar de centrarse en las prácticas abortivas. Limitación drástica de los desorbitados salarios de los altos ejecutivos y los deportistas de élite. Fomento de la vivienda de alquiler respecto a la compra.
Observo que mezclo ideas de la izquierda y de la derecha. ¿No estaría justificado que los partidos dialogasen, intentando un pacto, similar al de La Moncloa en la transición, en lugar de ocuparse sólo de trajes, espías y escuchas telefónicas? Nos amenaza una “década perdida” si no reaccionamos.

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