De mi familia y de los humanos

Eugeni Gay Montalvo
Nací en San Gervasio (Barcelona) y fui bautizado en “La Bonanova”; he vivido en el Guinardó y en el Ensanche y ésa es una pregunta que me he formulado en numerosas ocasiones a lo largo de mi vida y a la que nunca he dado respuesta escrita, aunque sí reflexionado sobre ella formulándomela de la siguiente manera: ¿de dónde dirías que te sientes? y, sentirme, sentirme, me siento de mi gens, es decir, de mi familia de la que aprendí mucho más que el nombre de cada cosa y un saber estar ante la vida y los acontecimientos, que ya es mucho. Sin duda mi casa fue mi forja y en ella me inicié en mi formación, muy apegada a los valores mediterráneos greco-​romanos y cristianos, fuertemente impregnados de un humanismo abierto y tolerante, políticamente próximo a lo anglófilo y alejado de lo germanófilo, concepciones que pugnaban en el ambiente de mi niñez. Me sentía profundamente europeo desde mi concepción catalana y española. Pocas veces he sentido mayor emoción que cuando nos incorporamos a Europa en plenitud política. Pero no, Europa no ha sido todo. Mi particular “descubrimiento de América” y posterior “descubrimiento de África” hizo que me sintiera también de allí y, luego, al conocer otros lugares del mundo a afirmarme en mi voluntad de sentirme ciudadano del mismo y así, de mi gens, pasé a sentirme de mi genus –el género humano– hasta el punto de considerar que podría vivir sin problemas en cualquier lugar de los que he conocido y en los que he trabado amistades y complicidades múltiples. Pero hay algo que me delata: a veces digo a mi mujer o a mis hijos que cuando muera me gustaría que me enterrasen en Barcelona.

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