Español

Pablo García Casado
Me siento español. Pero no por oposición, por vocación expansiva o imperialista. No soy nacionalista, no quiero hacer sentir mi españolidad a todos los que tienen el DNI. Me fastidiaría que lo hicieran conmigo. Pero me siento español, y no lo escondo, y no tengo prejuicio ni quiero demostrar nada. Lo soy porque ser andaluz no me impide ser también un poco catalán, vasco o madrileño. Hay algo en mí de todos ellos. No impongo mis afectos. Pienso que todos debíamos ser responsables de nuestras propias emociones, no inmiscuirnos en las de los demás. Por eso también soy estatalista, porque el Estado no tiene trampas: yo pago mis impuestos, y el Estado me reporta más o menos servicios sociales, carreteras, museos, y si no me gusta, puedo decidir con mi voto cambiar las cosas, y escribir en un periódico que son unos ineptos. Los nacionalismos quieren que sientas lo que ellos. Te piden que le des tu sangre a cambio de nada. Se meten en cómo amas y a quién, y cómo. Se meten en tu cuarto de baño. No les puedes criticar porque eso es atacar a la patria. Yo soy español porque me siento afecto a una manera de ser y de vivir, distinta a otras, ni mejor ni peor. Aunque sepa que España también es una idea difusa y fragmentaria. Pero, ¿no es también uno mismo una idea difusa y fragmentaria? Y sin embargo no por eso pienso cada día en el suicidio. De hecho nunca lo pienso.

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