Español de Madrid

Luis Suñén
Después de haberle dado muchas vueltas a lo largo de mi vida, creo que me siento de donde soy, ni más ni menos. Porque no es lo mismo de dónde se siente uno que dónde le hubiera gustado nacer. Y no pudiendo ser de donde me hubiera gustado pues me conformo con sentirme español de Madrid, cosa a la que, por lo demás, es mejor no darle vueltas. Pero ese sentirme de donde soy no significa que, al mismo tiempo, esté contento con ello. Se trata, más bien, de asumir lo irremediable, de pactar con la realidad sin sufrir demasiado. Aborrezco y amo a mi país a partes iguales y, viéndole el aspecto positivo a esa dualidad, creo que eso me garantiza una permanente zozobra que, si se sabe llevar, hasta puede dar su fruto. Así que, al fin y sin remedio, me siento de la tierra de las corridas de toros y de lo políticamente incorrecto, de la lentitud de la justicia, del paro, del futuro incierto pero también de una literatura, un arte y un paisaje que amo. Cuando salgo a la calle y ando por la Gran Vía o cuando veo desde mi ventana un atardecer velazqueño me digo que, por suerte o por desgracia, este lugar tan puñetero es el mío y tampoco está tan mal. No puedo racionalizarlo, soy incapaz. Qué le vamos a hacer.

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