Las sospechas

José Jiménez Villarejo
Las preguntas que soléis hacer tienen generalmente un efecto positivo: el de provocar el minuto de silencio que precede a una reflexión desacostumbrada. Casi siempre preguntáis sobre temas tan cercanos que apenas nos hemos detenido a pensar. Este año, sin embargo, la interpelación me ha alcanzado en el centro de mi pensamiento. ¿Qué puedo esperar de mí mismo a los 80 años y con una salud que no puede calificarse de muy prometedora? Por una parte, dudo que pueda cambiar muchas cosas en el hombre un poco vacilante que he llegado a ser aunque, por otra, no dejo de aspirar a descubrir un mejor yo que quizá me está esperando. ¿Aportar? A veces imagino que aún puedo aportar frutos de viejas reflexiones y experiencias, pero con demasiada frecuencia tengo la impresión de que esos frutos están un poco pasados para quienes yo querría que los aprovechasen.
En definitiva, no estoy muy seguro de qué es lo que puedo esperar de mí en los años que me quedan en la tierra. Esta inseguridad no remite a lo que puedo aspirar más allá de esta vida. Confieso que me gusta repetir para mis adentros unas bellas estrofas que escribió en su vejez Manuel Machado, que no sé si reproduzco con exactitud: “Lleno estoy de sospechas de verdades que no me sirven ya para la vida pero que me preparan dulcemente a bien morir”. Aunque debo decir que las sospechas de verdades y la confianza que en ellas se funda sí me sirven a mi para seguir viviendo ilusionado y haciéndome constantemente la pregunta que planteais.

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