Para laicos que no son incrédulos

Pilar Gómez Bedate. Profesora universitaria (Barcelona)
Primero, mi felicitación por la hazaña de alcanzar su número 700. Es increíble y admirable y digno de toda celebración. Empecé a leerla en Zamora –de donde soy y donde yo vivía entonces– nada menos que en los años 50. Una amiga de mis padres la recibía y nos pasaba, a mis amigas y a mí, las noticias sobre la existencia de una manera de entender la religión que no era la nacional-​católica en la que habíamos sido educadas y que en aquel ambiente resultaba muy subversiva y atractiva.
Aquellas noticias –a veces con su lectura directa– fueron parte de nuestro aggiornamento religioso y político como lo fueron de buena parte de la sociedad española de los años del franquismo. Cuando, pasada toda una vida (incluidos largos años de exilio), me instalé con mi marido en Barcelona me alegró mucho entrar en contacto con vosotros directamente, y he seguido leyendo la revista, que ha sido siempre coherente con su línea de apertura intelectual y cordial, y con su pensamiento de altura. Creo que, en los tiempos que corren, sigue ocupando un lugar insustituible por su atención a la espiritualidad seglar, a la experiencia religiosa como fenómeno personal y libre. Y que sigue siendo un lugar de encuentro para quienes, siendo laicos, no son incrédulos.

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