La canguro

Margaret Rius
¿Miedo yo? ¡Nunca! ¿A qué? Me considero una mujer psicológicamente fuerte y siempre, o casi siempreme he visto capaz de afrontar problemas y de buscarles una salida. Aunque de un tiempo a esta parte debo admitir que me asaltan ciertos temores. Y todo está relacionado con un único tema: la asistenta-​canguro que acabamos de contratar.
Mi maternidad es reciente, de menos de medio año. No me preocupa que mi niña enferme, nada extraño en su situación, teniendo en cuenta que nació con sólo 32 semanas de gestación y con 1,700 kilos de peso. Más de uno se sorprende de que no me esté costando la reincorporación al trabajo y no me asalte la añoranza y las preocupaciones después de haber dejado a mi hija en manos de una extraña que lleva con nosotros poco más de dos semanas. Pero a nadie he confesado que me aterroriza el simple hecho de pensar que a estas alturas nuestra nanny pueda encontrar alguien que le pague más, que le ofrezca mejores condiciones laborales o, simplemente, que se canse del trabajo y de nosotros, nos aburra y nos abandone. ¿Qué haría yo entonces? ¿Sería capaz de encontrar una sustituta con idénticos resultados? ¿Y si no la encontrara? ¿Podría resolver la situación solicitando una excedencia temporal?
Demasiados años invertidos en la creación y elaboración de un perfil profesional de reputada solvencia y credibilidad arruinado por la imposibilidad de poder conciliar la vida familiar con la laboral.

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