La muerte

Eulàlia Tort
La muerte ocupa el primer puesto de mi particular ránking de temores. La muerte de un ser querido más joven que yo me resulta, con sólo pensarlo, terrorífico. Se supone que los abuelos dan paso a los nietos pero cuando esta ley se altera con la muerte o enfermedad de un adolescente, la impotencia y la angustia lo invaden todo. Recuerdo un funeral en que una madre que acababa de perder a su hijo de 25 años le pedía a Dios que se la llevara a ella en lugar de a su hijo. Esta escena pervive en mi mente. Ante un cáncer en un niño de cinco años o el infortunio de un joven que muere en la carretera, una sólo puede permanecer en silencio.
También cuando pienso en la enfermedad en primera persona, me atemoriza no ser consciente de mis actos: la paranoia, la esquizofrenia o cualquier enfermedad psiquiátrica en que la persona viva en un mundo paralelo, consiguen horrorizarme. Sin embargo, son muchos los que con ayuda de la ciencia consiguen limitar los efectos perversos de estas enfermedades y llevar una vida más o menos normal. Esto demuestra que los miedos, a la vez que muy humanos, son sólo unos límites que podemos intentar superar.

Revistas del grupo

Publicidad