Qué son unas primarias

En un partido catalán, con presencia en el Congreso de los Diputados, hay dos personas que abiertamente aspiran a ser candidatos a la presidencia de la Generalitat. De algún modo debe decidirse el preferido. Surgió la posibilidad de celebrar unas primarias para que los militantes –o, por qué no, los simpatizantes– votaran por uno de los dos.
La prensa, como es lógico, trató el asunto. Esto decía uno de los principales periódicos de Barcelona sobre las posibles primarias: “La prioridad [en el partido] es evitar un nuevo enfrentamiento cainita”, se quería evitar “la lucha fratricida” y “volver a las trincheras”. La solución: “no abrir un proceso electoral interno y, a cambio, pactar que se equilibren las fuerzas”.
Suponemos que el periodista repetía lo que había oído en algún pasillo del partido. Unas primarias no son ni cainitas ni fratricidas. Son una celebración del pluralismo. Aún se quieren medio ocultar, pero es lógico y evidente también dentro de los partidos hay opiniones distintas. Los partidos no son cajas fuertes donde todo se decida en despachos, son una plataforma para conseguir cargos públicos a través de elecciones. Esconder los debates y retrasar la participación de los ciudadanos en sus tejemanejes internos es hundir más la política española.
Esta revista hace años que defiende la necesidad de primarias. Por dos cosas: para que se vea que un partido no es monolítico, sino que caben varias tendencias dentro de su marco. Y dos, para acercar la política a la gente que no dedica su vida a trepar en un partido. Es inevitable que sea así pronto. La democracia lo exige. Harían bien los partidos en tenerlo en cuenta cuanto antes. Los periodistas también podrían ayudar y guardarse en el bolsillo algunos adjetivos inútiles.

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