¿Y si lo pierdes todo?

Hace unas semanas hubo incendios en California. Fueron terribles y se llevaron por delante algunas casas. La escritora Shannon Kelley tenía un acto lejos de la suya. Durante la cena después de la reunión, la llamó su marido. Había un incendio en la falda de una montaña cercana y el viento lo llevaba hacia su calle. Tenía que desalojar la casa. De momento tenía el perro y el gato y quería saber si había más que ella quisiera conservar. Kelley le dijo: “Ahora te llamo”.
En un artículo en el Christian Science Monitor, Kelley cuenta cómo volvió a la mesa donde cenaba con amigas. Una le dijo: “Hagamos una lista”. Empezó a proponer cosas: “¿Originales en papel, fotos, diarios personales, reliquias, joyas?” Otra amiga dijo: “¿Y el pasaporte?” “Bueno”, dijo Kelley.
La lista quedó en el pasaporte. Eso era todo lo que quería salvar de su casa. Y se pregunta: “Ante un desastre y sin tiempo para prepararte, ¿cómo escoges? ¿Qué te llevas? ¿Al final, no es todo basura?” ¿Todo es basura? Podría ser. En la redacción de El Ciervo hemos planteado la situación de Shannon Kelley por separado a varias personas: “Tienes un rato para decirle por teléfono a tu pareja qué quieres salvar de tu casa. ¿Qué escoges?” Han salido un par de ordenadores y guitarras (tenemos músicos en la casa), una escritura del piso (el que se quema), unas joyas u otra persona, con más detalle, “la caja roja pequeña que está encima del armario”. ¿Qué debe haber en esa caja?
La moraleja habitual es que lo material tiene poco valor. Pero no es tan fácil. Reconocerlo hasta las últimas consecuencias tiene su mérito. Ahora que hay crisis es bueno saber que todo lo que tenemos dentro de casa es circunstancial.

Revistas del grupo

Publicidad