«Eso no se dice»

Beatriz Vera Poseck
Cuando era pequeña mi padre nunca me dejaba decir tacos, no había vez en la que tras soltar yo cualquier improperio, hasta el más blando e ingenuo, mi padre no me recordase que “eso no se dice”, así que de una manera u otra, a base de miles de repeticiones mi lenguaje fue eliminando todas esas palabras groseras. Así que hoy en día continúo sin mezclar tacos en mi vocabulario y debo reconocer que mis oídos se resienten bastante cuando escucho determinadas palabras.
Creo que hay dos tipos de tacos, los que son simples expresiones que se lanzan al aire o, como mucho, contra un ordenador estropeado, y las que se dirigen a las personas. Las primeras me resultan apropiadas, desfogadoras y hasta divertidas; las segundas son las que nunca he sido capaz de utilizar y las que hacen que mis oídos salten. Hay muchas formas de demostrar enfado o malestar hacia otra persona y para mí ninguna pasa por decir tacos. Nuestro vocabulario está lleno de adjetivos ingeniosos que se pueden utilizar en estos casos; sin duda prefiero las palabras con clase que los tacos.

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