Sólo uno

Norbert Bilbeny
Mis padres, sin ser puritanos ni redichos, nunca decían tacos (ni el insulto de “burro”) y sus hijos tampoco, y así lo enseño yo a los míos. Me suenan muy mal y convencidamente creo que son una grosería y hay que evitarlos. A veces, como buen catalán, y siendo mi segundo apellido García, suelto el taco de aquel sabio catalán en Cien años de soledad, de Gabriel García: “Collons!” No muy alto, pero la verdad es que me quedo muy a gusto después del exabrupto.

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