Pobreza, amistad, amor

La ciencia a veces se dedica a confirmar lo que ya todos intuíamos. En estas semanas, hemos visto tres estudios que certifican que los hijos de gente pobre tienen más números para serlo a su vez, que los amigos alargan la vida de uno y que las novedades intensifican la vida de una pareja. Es interesante saber cómo se ha “descubierto” todo esto ahora.
Las memorias de trabajo de los hijos de familias pobres tienen menos alcance que las del resto. Esta memoria es la que sirve para recordar pedacitos de información de uso cotidiano, como números de teléfono. Parece que es esencial para comprender lenguas, leer y resolver problemas. Los hijos de familias humildes tienen menos capacidad porque sus cerebros sufren más estrés mientras se desarrollan. El temor de los padres a no llegar a fin de mes o las pequeñas sensaciones de exclusión social que pueden sentir de pequeños hacen que su crecimiento se vea afectado. Por eso les es más difícil aprender y es más difícil que tengan un buen trabajo.
La amistad, por su lado, parece más importante para la salud mental que la familia. Según Bella DePaulo, profesora en la Universidad de California, la amistad tiene más efecto en la buena salud que la pareja. En un estudio a tres mil enfermeras con cáncer de mama, se observó que las que no tenían amistades fuertes tenían cuatro veces más opciones de morir. Si tenían o no pareja, no afectaba. Hay más: en un estudio a 736 hombres suecos se vio cómo la relación íntima con una persona no disminuía el riesgo de infarto, pero tener amistades sí. Hagan amigos primero; luego cásense.
Pero cuando se casen, no se olviden de seguir el consejo de este otro estudio de la Universidad de Nueva York (en Estados Unidos se hacen montones de estudios). Comprobaron de qué modo crecía la segregación en el cerebro de las sustancias que provocan el enamoramiento en 53 matrimonios estables. Montaron dos tipos de actividades. Unas placenteras: ir a cenar con amigos o al cine. Otras divertidas (para los dos) y que la pareja hacía poco: ir a un concierto, al teatro, a bailar o a una larga caminata. ¿Qué parejas volvían más enamoradas? Obviamente, las segundas. La novedad es vital. Un estudio de una sociedad de psicología de Albuquerque quiso ver si podía haber enamoramiento más allá de los diez años de pareja. Podía haberlo. Además del cuestionario –donde uno puede exagerar– se hacía un escáner en el cerebro mientras se enseñaba la foto de la pareja: había excitación y movimiento. La ciencia no sabe decir por qué. Por ahora, han descubierto que la novedad ayuda. Algo es algo.

Revistas del grupo

Publicidad