Es rara

Luis Suñén
La cortesía es tan necesaria como cada vez más rara. Hay quienes casi la asimilan a lo políticamente incorrecto –considerar a mujeres o a gente mayor como débiles o como viejos– pero en realidad lo que buscan es la coartada perfecta para su mala educación. La cortesía tiene, además, algo de comportamiento estético que revela un evidente sentido práctico en su deferencia hacia el otro. No hace falta llegar a quitarse la americana para que la dama atraviese un charco traidor sin mojarse tan lindo pie. Dejar la derecha a nuestro acompañante, subir antes a un taxi para que el otro o la otra no deba desplazarse a lo largo del asiento son gestos, además de corteses, útiles. Y cuando alguien actúa así con nosotros nos gusta. Tiene también sus inconvenientes cuando uno es objeto de una cortesía, por así decir, caritativa. Todavía no lo he experimentado pero prefiero no pensar en lo que ocurrirá la primera vez que me cedan el asiento en el metro por verme como una persona mayor. No creo que pase –el comportamiento general lo hace poco probable– pero cuando me pongo en esa tesitura concluyo que no estoy preparado para ello, que soy todavía un inmaduro.

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