Sí, pero depende

Sergio Vila-​Sanjuán
Difícil cuestión. En realidad podríamos preguntarnos si acaso lee alguien. Con tanto ordenador, iPod, cultura de la pantalla, ¿alguien tiene tiempo para la letra impresa? ¿No dicen que estamos en las postrimerías de la galaxia Gutenberg? Pero ojo, leer en ordenador o en e-​reader también es leer. Y por otra parte no está tan claro que las pantallas hayan derrotado hoy por hoy a las imprentas. Vayamos por partes.
Para empezar, como mínimo se venden más libros que nunca. El primer decenio del siglo xxi ha asistido al fenómeno del best seller global. Una serie de novelas publicadas simultáneamente en decenas de lenguas han encontrado un público amplio como nunca se había visto. Enumeraré los más conocidos: serie Harry Potter, 400 millones de ejemplares vendidos; El código Da Vinci, de Dan Brown, 80 millones de ejemplares vendidos; El alquimista de Paulo Coelho, 65 millones de ejemplares vendidos (aunque es anterior en el tiempo, durante estos últimos años ha seguido editándose a buen ritmo); saga Crepúsculo de Stephanie Meyer, 43 millones de ejemplares.
Incluso dos españoles han conseguido entrar en este círculo de notables: Carlos Ruiz Zafón, autor de La sombra del viento, que ha vendido 10 millones de libros en todo el mundo, y Arturo Pérez Reverte, cuyas ventas globales superan los 8 millones. Todos estos títulos gustarán más o menos, pero nadie puede negar que constituyen una sólida ración de lectura.
Ahora bien, ¿es realmente fiable la aproximación cuantitativa al fenómeno de la lectura? ¿No debería hacernos desconfiar el dato de que el segundo libro más vendido de todos los tiempos (el primero es la Biblia) es el Libro rojo del fallecido conducator chino Mao Tsé Tung? ¿Real­mente se leyó ese libro maoísta tanto como se vendió?
Quizás deberíamos buscar otras perspectivas. Por ejemplo, las bibliotecas. Las que mejor conozco son las públicas de Barcelona, cuya red municipal cuenta en estos momentos con más de 400.000 socios. Ahora bien ¿son todos ellos lectores? Obviamente no. Muchos emigrantes se sacan el carnet para tener un documento que les vincule a la ciudad para papeleos varios. Numerosos visitantes van a consultar internet, pedir audiovisuales o entretener un rato a los niños. Pongamos que la mitad de estos socios no leen en absoluto. Aún nos quedan 200.000.
Otro interrogante: los niños y adolescentes ¿leen más que antes? Algunas encuestas parecen asegurar lo contrario. Sin embargo, los libros citados de J. K. Rowling o Stephanie Meyer, que multiplican por cien las tiradas de Enid Blyton que se leían hace cuarenta años, ¿no deberían resultar algo significativas? ¿Y el boom de literatura infantil que han generado? ¿Indica que los niños actuales leen menos que los educados bajo el franquismo? Cuesta un poco de creer.
Más enfoques: las colecciones de bolsillo, ¿no atraviesan, en España, el mejor momento de su historia? Sus obras ¿no figuran visibles en manos de lectores en metros, trenes, parques y jardines? ¿Lo habré soñado?
¿Se leen más libros que nunca? ¡Pues claro que se leen más libros que nunca!

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