El primer amor

Carmen Vargas
Mi afición por la música surge en realidad antes de los 40 años, en plena juventud cuando ejercía de monitora de colonias y estudiaba los primeros años de universidad. Comencé con la guitarra para acompañar y para cantar con los jóvenes del esplai. No he tenido la oportunidad de introducirme en el mundo musical de una forma más comprometida hasta ahora, cuando a mis 46 años entré en la coral Adinoi. Me animó el hecho de poder hacer una actividad en la que rompía con todas las tareas cotidianas y que tienen que ver con las tareas del hogar y del cuidado de mi familia, además de lo laboral.
Creo que los motivos que me mueven son los de expansión y desconexión. Serían en definitiva las funciones del ocio según Jean Dumazedier, que explica que se aúnan en las tres “des”: descanso, en cuanto libera de la fatiga; diversión, por cuanto libera del aburrimiento y la monotonía, reequilibrando al individuo frente a sus obligaciones, y desarrollo de la personalidad, en tanto que posibilita una mayor participación social y cultural desinteresada.
De esta manera consigo sustraerme de lo habitual o rutinario, descubriendo en las cosas un nuevo sentido. Tal y como nos recreamos con el diálogo con la amistad, la lectura de un libro, contemplando la naturaleza, cuando encontramos algo nuevo en lo que hacemos a diario; así lo consigo con la música. ¿Por qué la música y el canto? De la música, lo que me motiva es cantar. Siento la música desde el instrumento connatural al hombre, es para mí la forma de vivirla en directo. Con el canto busco transmitir sentimientos auténticos, que en la realidad se encuentran más mediatizados por nuestros obstáculos psicológicos.
Para mí la importancia de disponer de tiempo libre y ocuparlo en la actividad musical me ayuda a formarme como persona, tiene además un carácter preventivo sobre los males que aquejan a la sociedad y las personas. Es como llenar de contenido nuestra vida dando a esta actividad una dimensión de enriquecimiento personal que me pone en movimiento.
Ha sido para mí un reto perseverar durante estos dos años sin los suficientes conocimientos para entender el lenguaje de la música, hasta que un día comencé como en párvulos a leer mis primeras notas musicales, fue fantástico y si sólo se trata de un comienzo, ¿por qué no seguir descubriendo en la música a la compañera fiel que ha seguido al hombre a través de los tiempos desde los comienzos de su historia? Desconozco si existe más dificultad en realizar ahora dicha actividad que en plena juventud. Mi opinión es que si uno se encuentra bien e incluso en mi caso, puedo decir mejor que en la etapa de juventud entre los 20 y 30 años, es más que suficiente para no desanimarse. El placer de oír en el coro Adinoi entonando el responsorio Matutinum de Haydn, me ha hecho sentir que la música no es únicamente un lenguaje; sino que es como el primer amor que se lleva siempre consigo.

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