Compromiso matrimonial

Mercè Solé
Pues sí. Mi anárquico matrimonio carece de “proyecto de vida”, pero contiene en cambio dos interesantes acuerdos pactados antes de dar el “sí” definitivo: leer El Jueves cada semana y visitar periódicamente Roma. Dos acuerdos que llevan quince años cumpliéndose a rajatabla.
Empezamos con el viaje de bodas (en otoño), con prórroga en diciembre del mismo año. Para mí era el primer viaje a Italia. Y motivo para empezar las visitas de rigor a todo museo y obra artística catalogada en las guías. Un gustazo. Pero ahora, cumplidas nuestras obligaciones como turistas, el mejor placer es callejear, sentarnos a leer el periódico (a veces, El Jueves) junto al mercado de Campo dei Fiori, o en las escaleras de la fuente de Santa Maria in Trastevere. Contemplar el color y la luz romanas y el caos de una ciudad que, aunque a veces tiende a parque temático eclesiástico o a imperio romano de guardarropía, conserva su aliento de vida cotidiana, de ropa tendida. No es un museo. Hay suciedad en las calles, trabajo precario, pulsiones que añoran el fascismo, pero también compromiso, esforzada inmigración, solidaridad, ironía. Roma es disfrutar de la belleza que surge inesperadamente de lo cotidiano.

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