Thich Nhat Hanh: «Mirar con ojos de compasión»

Krista Tippett
En el retiro dirigido por Thich Nhat Hanh en Green Lake, en Wisconsin, el día empieza con un paseo meditativo al amanecer. Cientos de personas caminan lentamente, conscientes de su respiración y de cada movimiento de su cuerpo. Como grupo, se enroscan alrededor del lago y de los árboles. Thich Nhat Hanh camina al frente dándole la mano a una niña pequeña.
El venerable Thich Nhat Hanh es uno de los pensadores espirituales más reverenciados y queridos de nuestro tiempo. Ofrece una sabiduría dulce y austera para poder vivir en un mundo de odio y violencia. Se trata de la disciplina espiritual de la plena conciencia –o mindfulness– que afecta al sufrimiento del mundo, enfrentándose a él en nosotros mismos y en los demás.
–En nuestra época, gente de distintas creencias se interesa por la noción budista de conciencia plena. Es una serie de disciplinas para vivir plenamente el momento presente en un espíritu compasivo hacia uno mismo y los demás. Es una práctica espiritual para muchos sin fe religiosa de ningún tipo.
–La plena conciencia es parte de la vida. Cuando tienes plena conciencia, estás plenamente vivo, y completamente presente. Puedes contactar con las maravillas de la realidad que pueden nutrirte y curarte. Y eres más fuerte, más sólido para manejar el sufrimiento que hay en ti y a tu alrededor. Cuando tienes plena conciencia puedes reconocer, abrazar y manejar el dolor, tu tristeza y la de los demás para darte alivio. Y si sigues concentrándote y comprendiendo, serás capaz de transformar el sufrimiento interior y ayudar a transformar el dolor de tu entorno.
–La palabra “milagro”, en apariencia, es muy intrigante cuando describe algo tan orgánico. Es decir, en primer lugar, familiarizarse con la respiración. La frase “El milagro de la conciencia plena (mindfulness)”, ¿viene de su formación budista o fue una frase que se le ocurrió?
–La digo desde el corazón, porque cuando respiras, tu mente vuelve a tu cuerpo, y entonces te vuelves consciente de que estás vivo, de que eres un milagro y que todo lo que tocas podría ser un milagro –una naranja en tu mano, el cielo azul, la cara de un niño. Todo se convierte en una maravilla. Y, de hecho, hay maravillas de la vida disponibles aquí y ahora. Y necesitas respirar conscientemente dentro y fuera para poder estar totalmente presente y contactar con todas estas cosas. Y eso es un milagro porque entiendes la naturaleza del sufrimiento, lo sabes todo de él, el rol que juega en la vida, y no intentas huir de él nunca más, y sabes cómo usarlo para construir paz y felicidad. Es como cultivar flores de loto. No puedes hacer que crezcan en el mármol. Tienes que plantarlas en el lodo. Sin lodo, no puedes tener flores de loto. Sin sufrimiento, no hay forma de aprender a ser comprensivo y compasivo. Por eso mi definición del reino de Dios no es un lugar donde no hay sufrimiento…
–¿El reino de Dios?
–Sí, porque no podría ir a un lugar donde no hay sufrimiento. No podría enviar a mis hijos a un lugar donde no se sufre porque, en un lugar así, no hay manera de aprender a ser comprensivo y compasivo. Y el reino de Dios es un lugar donde hay comprensión y compasión, y por eso, el sufrimiento debe existir.
–Eso es muy diferente de algunas perspectivas religiosas que dicen que el Reino de Dios es un lugar donde hemos trascendido o avanzado más allá del sufrimiento.
–Sí. El sufrimiento y la felicidad son orgánicos, como una flor o la basura. Si la flor tiene en su camino el hecho de convertirse en basura, la basura puede estar de camino de convertirse en una flor. Por eso no temes a la basura. Creo que hemos sufrido mucho a lo largo del siglo xx. Hemos generado mucha basura. Ha habido mucha violencia, odio y separación. Y no hemos manejado –no sabemos cómo manejar la basura que hemos creado. Y por eso tendremos el sentido para crear un nuevo siglo para la paz. Por eso es por lo que ahora es muy importante para nosotros aprender a transformar la basura que hemos creado en flores.
–Echo un vistazo a la violencia que marcó al mundo en el período en que era un joven monje. Era la Guerra Fría. Había un determinado tipo de violencia y hostilidad. Mucho de eso ha cambiado, ha desaparecido, gran parte de las terribles amenazas y las fuentes de las peores luchas. Y ahora en su lugar tenemos nuevas formas de guerra y nuevos enemigos. Me interesa mucho que, al mirar a ese periodo de su vida, ¿halla diferencias cualitativas entre la violencia que tenemos hoy y la que teníamos entonces? ¿Sucede algo parecido al progreso, o es el mismo patrón que se repite?
–Es un patrón que se repite.
–¿Y no le desespera?
–No, porque noto que nuestra gente es capaz de comprender que tenemos suficiente iluminación, y que sólo si se unen y ofrecen su luz y nos enseñan un nuevo camino, hay una posibilidad para la transformación y la curación.

Cambiar el mundo
–En un retiro como éste, ha reunido a su alrededor centenares de personas que se entregan a este tipo de entrenamiento y concienciación. Y no sólo está hablando de paz aquí, hay una sensación de paz. Pero entonces la pregunta cínica sería: ¿pueden esos individuos cambiar las cosas? Parece que vivimos en una era de violencia colectiva, terror colectivos y actos colectivos de retribución. ¿Cómo ve el efecto de su trabajo en eso?
–La paz siempre empieza con uno mismo como individuo, y como individuo, tú puedes ayudar a construir una comunidad de paz. Eso es lo que intentamos hacer. Y cuando la comunidad de cientos de personas conoce la práctica de la paz y la hermandad, entonces puedes convertirte en un refugio para muchos otros que vienen y aprovechan esa práctica. Y luego se uniran a ti, y la comunidad irá creciendo a lo largo del tiempo. Y la práctica de la paz y la hermandad se ofrecerá a mucha otra gente. Esto es lo que ocurre.
–Y usted también lo experimentó…
–Sí, porque cuando vine al Oeste, estaba completamente solo, y era consciente de que tenía que crear una comunidad. Y no había ningún budista en aquel momento. Así que trabajé con mucha gente, y sugerí la práctica de la respiración consciente, el caminar consciente, sentarse conscientemente. Y lentamente se construyó en una práctica de comunidad. Tenemos incluso comunidades en Oriente Medio que incluyen a israelís y a palestinos.
–¿Se diferencian en algo sus enseñanzas si habla a miembros del Congreso o a realizadores Hollywoodienses o a agentes del orden público?
–La práctica es la misma. Pero se necesita a un grupo de amigos para enseñar cómo un determinado grupo de gente dirige su vida o qué tipo de sufrimiento y dificultades encuentran en su vida, para que puedan entenderlo. Y después de eso, sólo después de eso, podremos ofrecer una práctica y enseñanza apropiadas. Por esto es por lo que continuamos aprendiendo y compartiendo cada día con nuestra práctica.
–En algunas de las cosas que ha dicho sobre la guerra del terror, usó la palabra “perdón” de forma directa, y no creo que fuera una palabra que estuviera por ningún lado en el discurso público de los Estados Unidos. Pero también le he escuchado esta mañana, cuando hablaba con el grupo sobre la responsabilidad de cada uno también en el caso de las políticas públicas. Háblenos más del papel que han de jugar los individuos en algo como la guerra contra el terror, desde su perspectiva.
–El individuo debe despertarse al hecho de que la violencia no puede acabar con violencia, que sólo la comprensión y la compasión pueden neutralizarla, porque con la práctica del discurso del amor y la escucha compasiva, puedes empezar a entender a la gente y ayudar a la gente a desprenderse de las percepciones erróneas que tienen, porque estas percepciones son el origen de su rabia, de su miedo, de su violencia, de su odio. Y escuchas atentamente. Tienes que ser capaz de desechar las percepciones erróneas que hay en ti acerca de ti mismo y de los demás. Así pues, la práctica básica para desechar el terrorismo y la guerra es la práctica de desechar las malas percepciones, y no puede hacerse con bombas ni armas. Y es muy importante que nuestros líderes políticos se den cuenta de esto y apliquen técnicas de comunicación.
Vivimos en un tiempo en que tenemos formas muy sofisticadas de comunicación, pero la comunicación se ha vuelto muy difícil entre los individuos y los grupos de personas. Un padre no puede hablar con su hijo, una madre no puede hablar con su hija, y quizás un marido no pueda hablar con su esposa. Los israelís no pueden hablar con los palestinos, y los hindús no pueden hacerlo con los musulmanes. Y por esto tenemos guerra y violencia. Por esto restaurar la comunicación es el trabajo básico para la paz, y nuestros líderes políticos y espirituales tienen que centrar toda la energía en esta cuestión.
–Pero creo que algunos dicen –gente en posiciones de poder– que no pueden esperar a la comunicación, o que se dé algún cambio, y que tienen que actuar ahora.
–Si no pueden comunicarse consigo mismos, si no pueden comunicar con sus familiares, ni con la gente de su país, no tienen la comprensión que les servirá de base para la acción correcta, y cometeran muchos errores.

Poemas de vietnam
–Me pregunto si, en referencia a lo que estamos hablando sobre su práctica, leería el poema: “For Warmth” (Por la calidez) y hablaría sobre lo que piensa de la rabia y cómo uno vive con rabia. Ser consciente no se lleva todas esas emociones, ¿verdad? Son emociones humanas.
–Tenemos que ser humanos para ser capaces de ser comprensivos y compasivos. Tienes el derecho de estar enfadado, pero no a no practicar para transformar tu rabia. Tienes derecho a equivocarte, pero no a seguir cometiendo errores. Tienes que aprender de los errores.
–¿Y diría algo sobre la ocasión en la que escribió este poema?
–Escribí este poema tras oír en las noticias que la ciudad de Ben Tre fue bombardeada, y un oficial del ejército africano declaró que tenía que destruir la ciudad para salvarla. Fue muy chocante para nosotros. De hecho, había algunas guerrillas que habían ido a la ciudad, y usamos armas anti-​aereas para disparar, y a causa de esto bombardearon la ciudad y mataron muchos civiles.
–¿Fue en 1965 más o menos?
–Sí, aproximadamente. (Habla en vietnamita) “Tomo mi cara entre mis manos. No, no estoy llorando. Tomo mi cara entre mis manos para mantener cálida mi soledad, dos manos que protegen, dos manos que alimentan, dos manos que evitan que mi alma me abandone a la rabia”. Cuando notas que la rabia viene hacia ti, tienes que practicar la respiración consciente para generar la energía de la plena conciencia, para reconocer tu rabia y abrazarla tiernamente, para poder aportarte alivio y no hacer o decir cosas que puedan ser destructivas. Haciendo eso, puedes mirar profundamente la naturaleza de la rabia y de dónde procede. Esta práctica nos ayuda a ver que no sólo los civiles y militares vietnamitas fueron víctimas de la guerra, sino también los hombres y mujeres estadounidenses que vinieron a Vietnam a matar y morir.
–Estas causas de raíz son tan simples –la percepción errónea, comunicación pobre, rabia– que tienen su función en la vida humana pero que deben actuar de forma consciente, en sus palabras. ¿Por qué nos cuesta tanto a los humanos –y creo que sucede tanto en la familia como en la política global– tomar estas pequeñas cosas de forma seria, estos aspectos sencillos del ser humano?
–No creo que sea difícil. En los muchos retiros que ofrecemos en Europa, América y otros países, el despertar, la comprensión, la compasión y la reconciliación pueden tener lugar después de unos días de práctica. La gente necesita una oportunidad para que la semilla de la compasión sea alimentada, y por eso no nos desanimamos. Sabemos que si hay más gente trabajando para ofrecer esta oportunidad, entonces habrá un colectivo despertando.

Perdón contra el terror
–Le miro y también veo su mirada al mundo desde los ojos de la compasión, que es otro concepto que usa, y veo el peso de ello en usted. Es también una carga mirar al mundo de frente y ver el sufrimiento y sus fuentes allá por donde vaya.
–Cuando tienes la compasión en el corazón, sufres mucho menos, y estás en la posición de ser y hacer algo para ayudar y sufrir menos. Esto es cierto. Así que practicar de una manera que traiga compasión a tu corazón es muy importante. Una persona sin compasión no puede ser una persona feliz. Y la compasión es algo que es posible sólo cuando tienes comprensión. La comprensión es compasión en sí misma. Cuando entiendes las dificultades, el sufrimiento, y la desesperación del otro, no lo odias, no puedes odiarlo más.
–¿Cómo sería la compasión hacia un terrorista?
–Los terroristas son víctimas de sus percepciones erróneas. Tienen percepciones erróneas de sí mismos, y de nosotros. La práctica de la comunicación pacífica puede ayudarlos a desechar sus percepciones equivocadas sobre ellos mismos y sobre nosotros. Espero que nuestros líderes políticos entiendan esto y actúen para ayudarnos. Y nosotros, como ciudadanos, tenemos que expresar nuestra inquietud con firmeza porque debemos dar apoyo a nuestros líderes políticos, a los que hemos votado. No debemos delegarlo todo en ellos. Debemos vivir diariamente de forma que podamos tener el tiempo y la energía para traer nuestra luz, nuestro apoyo a nuestros líderes políticos. No debemos odiar a nuestros líderes. No debemos enfadarnos con ellos. Tenemos solo que darles soporte y ayudarles a ver bien para que actuen bien.
–Respecto a ‘Fragantes hojas de palma’, el diario que escribió en los 60s, dice sobre el Zen: “El zen no es sencillamente un sistema de pensamiento. El zen infunde nuestro ser entero con la pregunta más acuciante que tenemos”. ¿Cuál es la pregunta más acuciante en este momento de su vida? ¿Cuáles son las preguntas con las que trabaja en su práctica personal?
–No tengo preguntas ahora. Mi práctica es vivir en el aquí y en el ahora. Es una gran felicidad para uno ser capaz de vivir y hacer lo que quieres vivir y hacer. Mi práctica se centra en el momento presente. Sé que si sabes como manejar el momento presente, con lo mejor de ti, esto es todo lo que puedes hacer por el futuro. Esto es por lo que estoy en paz conmigo mismo. Esta es mi práctica diaria, y es algo muy nutritivo.
–¿Viviendo y practicando de esa manera, el perdón se vuelve instintivo? ¿Llega un punto en el cual ya no reaccionas con rabia sino que inmediatamente te vuelves compasivo y clemente?
–Cuando practicas mirando a la gente con los ojos de la compasión, esta especie de práctica se vuelve un hábito. Eres capaz de mirar a la gente de una forma que ves el sufrimiento y las dificultades. Como puedes ver, la compasión fluirá naturalmente desde tu corazón. Es por tu propio bien y por el de los demás. En el Sutra del Loto, hay una frase maravillosa de cinco palabras: “Mirando a los seres humanos con los ojos de la compasión”, y eso aporta felicidad y alivio al mundo, y esta práctica puede hacerla cualquiera de nosotros.

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