Haikus, tankas y zen o la seducción de Oriente

Miquel Siguan
Ex Oriens Lux, del Oriente nos viene la luz, aprendimos de pequeños, una afirmación obvia dado que el sol y la luna nos aparecen cada día surgiendo del este pero que en nuestra tradición cultural aludía en primer lugar a que Cristo nos llegó del Este. Peregrinar a Jerusalén era un intento de regresar a los orígenes. Pero desde el comienzo hubo también un Oriente más lejano y misterioso, a adorar al niño en el pesebre no sólo acudieron los pastores sino tres reyes magos llegados de Oriente. Y a medida que la cultura occidental ha tropezado con sus límites y con sus contradicciones la atracción por este Lejano Oriente que tendía a identificar el instante con la eternidad, la ignorancia con el sumo conocimiento y el vacío con la plenitud se ha hecho más fuerte. Y un buen ejemplo en este sentido puede ser la obra de José María Prieto.
Prieto es catedrático de Psicología del Trabajo en la Universidad Complutense de Madrid con un bien ganado prestigio en el campo de la Psicología de las Organizaciones tanto en España como a nivel internacional. Pero Prieto es además un viajero impenitente atento a las singularidades culturales de los distintos países y hace años que se sintió atraído por la mentalidad japonesa en sus distintas manifestaciones y en primer lugar por su poesía. Fruto de esta afición cultivada lo largo de muchos años son dos libros publicados recientemente: Haiku a la hora en punto (Ediciones Vitrubio. Madrid, 2007) y Tanka a trancas y barrancas (Ediciones Vitrubio. Madrid, 2009).
Los dos volúmenes se acompañan de sendos prólogos sobre la poesía japonesa que resultan imprescindibles para entender la obra de Prieto y que brevemente resumiré. La poesía japonesa, igual que la china, es muy anterior a la nuestra y ha tenido además una mayor continuidad a lo largo de los siglos. Pero se trata además de una poesía que responde a una sensibilidad distinta a la nuestra. Ha sido un ejercicio propio de una clase social elevada que no necesitaba subvenir a sus necesidades materiales y para cuyos miembros el entrenarse en la creación poética formaba parte de su educación tanto de los hombres como de las mujeres. Era además una forma de relación: parejas y amigos se intercambiaban con frecuencia poemas Y el poema era una obra artística no solo por su contenido verbal, la letras pintadas más que no escritas con tinta negra brillante y con rasgos originales y el papel y la tela cuidadosamente preparada contribuyen a la belleza del conjunto.
El “waka” es un tipo de composición poética breve, de 31 sílabas, distribuidas así; 75-​77-​7. referido a algún aspecto de la naturaleza o de la vida cotidiana y poniendo de relieve alguna singularidad. Varios “waka” sucesivos pueden aludir al mismo tema pero mientras para nosotros esto representaría un poema que despliega un argumento y llega a una conclusión en el caso de una serie de “waca” se trata de unidades independientes aunque se refieran al mismo objeto al que consideran en distintas perspectivas.
He dicho que la poesía en Japón es en buena parte una actividad social, Desde muy antiguo eran habituales reuniones de poetas en las que el que las presidía improvisaba las tres primeras líneas de un “waca” y pedía a uno de los poetas asistentes que a su vez improvisase las que faltaban. Para que el interpelado pudiese completar el poema era necesario que las tres primeras líneas expresasen una idea clara y eso hizo que con el tiempo se independizasen dando lugar a una nueva forma de poema limitado a 17 sílabas repartidas en tres líneas 5/​7/​5, una nueva forma poética mas concisa todavía que se llamó “haiku”.
Por otra parte a finales del siglo xix hubo poetas que consideraron que los “waca” se habían degradado y propusieron devolverles su dignidad original y les cambiaron el nombre por el de “tanka” y fue con este nombre que se difundieron y se imitaron en otros países especialmente en Inglaterra. En catalán hay un ejemplo singular en las tankas de Carles Riba. Posteriormente no solo han aparecido antologías de tankas y de haikus traducidas del japonés al castellano sino que algunos poetas O. Paz, y Benedetti entre otros, se han dedicado a componerlos. Y no es superfluo recordar que Gómez de la Serna llamaba a sus greguerías “haikus en prosa”.
Y todavía una observación. La fonética japonesa es muy distinta de la nuestra y también el alfabeto de manera que la noción de sílaba no coincide exactamente con la nuestra a lo que se puede añadir que los propios poetas japoneses se toman ciertas libertades con la métrica y sus imitadores europeos muchas más.
No soy crítico literario ni estoy en condiciones de proponer una valoración de la obra poética de José María Prieto de manera que me limitaré a ofrecer algunos ejemplos de tankas y de haikus como invitación a su lectura.
De sopetón /​descorre las cortinas /​por ese hueco /​de la ventana entra /​sin llamar, el paisaje Anda la luna /​sin saber que es de noche /​obnubilada /​por los escaparates /​sin poder ir de compras. La fina lluvia /​acaricia mi rostro /​y me entran ganas /​de mendigar un beso /​al primer transeúnte. Por el atajo /​los grillos dan la alarma /​del sol que viene.
Como una verja /​pujantes y altaneros /​cientos de cardos.
En la alameda /​la brisa a rachas rasga /​bolsas de plástico.
No es difícil advertir una clara similitud entre este centrar toda la atención en un instante y en un aspecto fugaz y pasajero y la tradición zen y el propio autor no sólo lo reconoce sino que lo justifica, durante un tiempo residió como visitante en el Centro Zen de San Francisco fundado nada menos que por el propio Suzuki, el monje budista autor del célebre “El zen y el tiro con arco”. El Centro se fundó en 1969 y por tanto coincidiendo con los inicios del movimiento hippy y es uno más en el numeroso grupo de Centros Zen que existen en Estados Unidos, especialmente en California.
El pensamiento zen no es una religión ni tiene una doctrina que pueda leerse en un libro sino que es una tradición que se mantiene por aprendizaje de maestros a discípulo, lo que sí existen son textos breves, a menudo paradójicos, llamados “koan”, sobre los que el alumno debe meditar para avanzar en su camino. Prieto ha traducido una colección de estos koan y a los que ha añadido uno de cosecha propia (Wenger y Prieto, Penetrante compasión. Cincuenta Koan contemporáneos. Miraguano Madrid 2007). El libro describe también la manera como se utilizan estos textos en las escuelas y más concretamente en la escuela Kinzai, una de las más antiguas y prestigiosas del Japón. Los alumnos conviven en la escuela cada uno meditando sobre el koan que su maestro les ha propuesto y periódicamente el maestro convoca a cada uno de ellos para controlar sus progresos. La visita transcurre así, el maestro está sentado en un cojín en el suelo con una campanilla a la derecha. El alumno entra en la sala, hace una profunda reverencia y dice el koan en el que está trabajando y expone la conclusión a la que ha llegado. El maestro después de escucharle o bien aprueba lo que ha dicho y le propone escribirlo en forma de poema o bien no lo aprueba pero le dice algunas palabras de aliento o también, y es lo más frecuente, no le dice nada y hace sonar la campanilla para indicar que la entrevista ha terminado.
Por supuesto en los Centros Zen establecidos en América las relaciones entre maestros y discípulos son menos formales y más verbalizadas que en el Japón. Y lo que todavía es más significativo, el centro Zen de San Francisco ha generado a su alrededor una serie de instituciones y de servicios dirigidos a personas con dificultades de distintos tipos, principalmente las relacionadas con el sida, algo difícil de imaginar en una escuela Zen japonesa, lo que parece indicar que si los occidentales nos sentimos atraídos por doctrinas orientales al adoptarlas las transformamos. A lo que podemos añadir que los pueblos que inspiraron las filosofías que hoy nos fascinan; India, China, Japón, hoy están asimilando a una velocidad de vértigo nuestra civilización técnica y es posible que mañana asuman su delantera. Lo que no deja de resultar sorprendente.

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