Lanzarme

Fernando Aguilera Luna
Muchas veces me he sorprendido encontrando modos de obtener cosas, cuando otras personas se mostraban incapaces de salir de la maraña de dificultades que imaginaban tenían que superar para alcanzar lo que deseaban.
Esta facilidad, para la que creo se aúna un optimismo moderado con una buena dosis de imaginación, me ha procurado no pocas satisfacciones. Para ilustrar lo primero, valga mi iniciación a la navegación deportiva, que se produjo hace bastantes años por el reclamo del cartel “se vende” en un pequeño velero de madera. Yo nunca había accedido, ni como invitado, a una embarcación así. Ni sabía cómo utilizarla, ni tenía dinero en ese momento para comprarla. Pero “me busqué el dinero” (el modo, siendo lícito, es lo de menos) y a una persona que me impartiera unas instrucciones elementales y al poco ya estaba, aunque modestamente, navegando. Luego han venido más cosas por el mismo modo de buscar los caminos y lanzarse.
En el terreno profesional, esta característica se concreta en la utilización de procedimientos de trabajo no convencionales pero perfectamente lícitos. Por ejemplo, en una ocasión detecté que un determinado tribunal, acostumbraba a no responder a determinadas solicitudes, lo que sugería que ni siquiera leía los escritos que le presentaba. Opté por utilizar en los que yo redactaba, para formalizar la petición, una letra tamaño 24. A partir de ese momento, el tribunal no dejó de responder en ninguna ocasión a mis solicitudes.
Por supuesto que hay cosas que no hago bien, pero las callo aquí, pues sobre ellas no me han preguntado.

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