Los riesgos del consumo

Jordi Delás
El consumo de cannabis se ha contemplado con notable sensación de inocuidad incluso en ambientes científicos. Se ha llegado a contraponer su falta de efectos nocivos a los del tabaco. No es ajeno el contexto de rebeldía pero no de marginación en que se desarrolla su consumo y que muchas personas que lo han tomado lo han dejado o ha pasado a ser aislado.
Se considera, por tanto, algo pasajero, accidental, sin consecuencias y propio de una determinada fase de la vida o de algún momento episódico. Se ha planteado asimismo el papel del cannabis en el tratamiento de algunas enfermedades o para minimizar los efectos indeseables de algunos tratamientos.
Todo ello lleva a la necesidad de información sobre la sustancia y su entorno. Sus indicaciones, interacciones y efectos indeseables. No es fácil, sin embargo lo que podría ser la elaboración de un prospecto de utilización. Entre otros motivos porque falla la premisa de condiciones higiénicas de fabricación, manipulación control de contaminantes y la notificación de los problemas del consumo.
El cannabis habitualmente se fuma. Sus efectos dependen de la amplitud y número de caladas y de la concentración de delta-​9-​tetrahidrocannabinol o THC en el cigarro. El efecto máximo se alcanza entre los tres y diez minutos y persiste de forma decreciente hasta las dos o tres horas.
Por vía oral, en forma de aceites, pasteles o infusiones, la absorción es lenta e irregular. Es inactivado por los ácidos del estómago y su transformación por el hígado. El inicio de los efectos tiene lugar entre media hora y dos horas después del consumo y persiste unas seis horas. Se considera que la vía oral es dos o tres veces menos potente que la vía pulmonar.
Tras el consumo de un cigarrillo puede detectarse productos de degradación de la sustancia en orina durante una semana. En consumidores habituales pueden detectarse en orina más allá de un mes después del último consumo.
El cannabis produce euforia o placer a través de la dopamina y los opioides endógenos: bienestar, relajación, risa fácil, locuacidad, pero también ansiedad y pánico. Altera la memoria a corto plazo y la concentración. Ocasiona enrojecimiento de las conjuntivas, reducción de la presión intraocular, sequedad de boca. Por su efecto mitigador de vómitos se ha considerado de utilidad para hacer frente a náuseas debidos al tratamiento médico de algunos tipos de cáncer. Reduce el dolor, provoca somnolencia y puede dificultar la conducción de automóviles.
Incrementa la actividad motora, pero puede dar falta de coordinación, dificultad en la articulación de la palabra, temblores, debilidad y espasmos musculares.
Aumenta el apetito, la frecuencia cardiaca, la presión arterial, la sensibilidad térmica y la percepción visual, auditiva y táctil. Da lugar a alteraciones en el espacio y tiempo y alucinaciones visuales y auditivas. Puede ocasionar alteraciones de la inmunidad, disminución de las hormonas sexuales, aumento de la prolactina con secreción de leche a través de los pezones. Aumenta los riesgos obstétricos y de tumor de testículo. Los recién nacidos de madres consumidoras de cannabis pueden tener bajo peso. La sustancia activa, el THC, atraviesa la barrera placentaria y llega hasta el feto. También se acumula en la leche materna, en cantidades ocho veces superiores a su depósito en sangre.
Si el consumo se realiza de modo reiterado puede ocasionar síntomas característicos de dependencia en un porcentaje que va desde el siete al diez por ciento.
Se asocia al consumo de cannabis la intoxicación aguda, flash-​back o falsas sensaciones semanas después del consumo, el síndrome de escasa motivación o amotivacional, trastornos de personalidad, del estado de ánimo, trastornos psicóticos y esquizofrenia.
El cannabis incrementa los efectos subjetivos de la cocaína y anfetamina. Aumenta la depresión respiratoria de los opioides, la analgesia provocada por la morfina y la sedación y el deterioro psíquico y motor debido al alcohol.
Es conveniente conocer los aspectos legales relacionados con el consumo. El Código Penal español no considera delito el consumo, la posesión y el cultivo de cannabis, siempre que sea para consumo propio. Es, sin embargo delito, el tráfico ilegal y el cultivo ilícito La pena aplicable va de un año a tres de prisión, más una multa por valor del doble de la sustancia interceptada.

Revistas del grupo

Publicidad