Lo más natural

Gonzalo Tejera Costa
A la hora de dar el pésame en persona tiendo a ser lo más natural posible aunque no por ello dejo de utilizar ciertos convencionalismos. Introduzco el pésame con alguna de las fórmulas tradicionales –“te acompaño en el sentimiento” es la que más utilizo – , a la vez que, si se trata de una mujer, le doy un par de besos, o, en el caso de los hombres, les estrecho la mano con fuerza mientras sujeto simultáneamente su brazo con mi otra mano en señal reconfortante. Los abrazos suelen quedar reservados para familiares o amigos íntimos.
Si la conversación puede prolongarse por unos instantes más, una manera de hacerlo es resaltar lo querida que era la persona difunta al haber congregado a tantas personas tras su muerte. Trato de hacerlo junto al cuerpo del fallecido, releyendo los mensajes escritos en los numerosos ramos y coronas que lo acompañan. En definitiva, en el instante de dar la condolencia, intento expresar lo mejor posible lo que siento espontáneamente. Evito así la peor de las situaciones que supone el tener la persona cara a cara y quedarse sin decir nada.
Si no puedo acudir al tanatorio o al funeral y doy el pésame a distancia, trato de hacerlo por escrito más que por teléfono. Encabezo la nota con alguna frase habitual de condolencia, pero no dejo de escribir alguna breve reseña particular sobre el difunto –por ejemplo, una vivencia conjunta– que creo puede ayudar a reconfortar a la familia. Finalmente, también menciono que he tenido presente en mis oraciones tanto al fallecido como a la persona a la que me dirijo.

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