El maratón engancha

Miquel Bofill Casanovas
Son muchos los motivos que pueden llevar a uno a lanzarse a la aventura de correr un maratón. Unos se inician con el pretexto de “empezar a correr para perder esos kilos de más”; otros con la idea de ponerse un poco en forma; otros muchos como fórmula de evasión y así iríamos encontrando tantos motivos como corredores.
Desde mi particular y modesto punto de vista, el que empieza “poniéndose en forma” y acaba corriendo un maratón, suele ser por un aliciente de autosuperación, por las ganas de afrontar un nuevo reto. La gracia de apuntarse a un maratón no es correrlo sino prepararlo. Preparar un maratón comporta un sinfín de motivaciones tanto físicas como psíquicas, que convierten esta prueba en una de las terapias más completas, naturales y económicas que puedan existir.
Cierto es que las horas de entrenamiento que requiere una prueba de este tipo da argumentos a sus detractores, pero también es cierto que quien prepara un maratón tiende a cuidarse mucho más que el jugador de paddle, squash o cualquier otra actividad más propia “de fin de semana”. ¡Es que correr engancha y mucho! Tanto que acaba convirtiéndose, más que en una afición, en un alternativo modelo de ocio. Sería deseable que se facilitaran y potenciaran tanto grandes como pequeñas pruebas, aunque eso comporte “invadir” las calles un domingo por la mañana.

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