Editoriales

Jaume Boix

Espero que sigáis todos bien. Recibí tu carta ayer y por el matasellos vi que salió hace diez días, ya ves cómo está el correo. Lo hice notar al cartero y me dijo exactamente esto: “Ya ve cómo está el correo”. Añadió que ni siquiera les dan uniforme y que suerte tiene de que no lo hayan echado.

Jaume Boix

En los años en que estrenábamos la democracia, el hoy añorado Juan María Bandrés contó un día, creo recordar que en un encuentro en la redacción de El Ciervo, que su partido Euskadiko Ezquerra tenía un diputado especialista en controlar escrupulosamente la gestión administrativa del gobierno vasco.

Jaume Boix

Juan Genovés empezó a pintar El abrazo en el lejano 1973 pero recuerda bien qué le inspiró: el alborozo de unos niños a la salida del colegio. Él pintó adultos, de espaldas, sin rostro y sin color pero con el calor de los que corren a abrazarse. Como los niños al dejar las aulas, sus padres en la pintura parecen expresar un jubiloso alivio o liberación.

Jaume Boix

El primer número de El Ciervo salió el pasado mes de junio… de 1951, de manera que con este, el 757, la revista cumple 65 años. Sesenta y cinco no es una de esas cifras acabadas en cero que son motivo de festejos, pero se trata de un guarismo muy significativo en nuestra cultura: a los 65 la gente se jubila.

Jaume Boix

Como les presumimos tan conocedores de las vicisitudes que acontecen en el Parlament de Catalunya como del talante de esta revista, que es la suya, creemos que bastará decir que en absoluto puede sernos grato el espectáculo de un dirigente político que sin siquiera tener los votos para ser presidente pretende proclamar la independencia de Catalunya y la república catalana, nada menos.

Jaume Boix

Al cerrar este número, los diputados que elegimos el 20 de diciembre del año pasado llevan tres meses sin ponerse de acuerdo para formar gobierno. Es un poco sorprendente que el reto de dificultad mayor al que se ven enfrentados nuestros dirigentes políticos sea el de acordar quiénes y cómo van a gobernar el país los próximos cuatro años.

Jaume Boix

La foto influyó, sin duda. La imagen del niño sirio Aylan muerto en la playa conmovió, llenó de tristeza, ayudó a movilizar a la buena gente europea y a abrir esas murallas que no defienden sino que ofenden. Y empujó a los dirigentes a trabajar en la elaboración de un programa de asilo, acogida y protección a refugiados y a inmigrantes.

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