¿Hay que vacunar a los niños?

Las vacunas son uno de los descubrimientos más trascendentales de la historia de la medicina. Desde su descubrimiento y en sus múltiples variantes han salvado millones de vidas, erradicando enfermedades que antaño eran letales, como la viruela, la fiebre amarilla o el cólera. Nuestro colaborador en temas de ciencia, José R. Alonso, nos alerta de que, pese a su comprobada eficacia, se propaga un foco de desinformación.

Vivimos un intenso debate sobre las vacunas. Algunos padres, alarmados por lo que leen en internet u oyen en la calle, deciden no vacunar a sus hijos. ¿El resultado? La vuelta de fantasmas del pasado. El niño de Olot que muere a los seis años de difteria, el primer caso en nuestro país desde 1987. Y no solo aquí: el número de casos de sarampión se ha triplicado en Estados Unidos desde 2013 y lo mismo está sucediendo en Alemania. ¿El motivo? La falsa creencia de que la vacuna triple vírica está ligada a la aparición del autismo.

Fuera de los países desarrollados el problema es económico. Más de un millón y medio de niños mueren anualmente porque sus padres o sus gobiernos no pueden pagar las vacu­nas. ¿Pero entre nosotros, en los países más ricos del planeta? La explicación es ignorancia, un cóctel donde entra desconocimiento sobre los fundamen­tos más básicos de la ciencia, descon­fianza de las autoridades, creer antes a charlatanes que a los mejores médicos del planeta y esa arrogancia de que leer diez minutos algo buscado en Google vale tanto como miles de horas de for­mación y estudio. La ignorancia mata y en ningún tema está tan claro como en las vacunas.

Hay gente que está en contra de la medicina moderna y piensa que deberíamos eliminarla y dejar que la enfermedad siga su curso o usar solo remedios tradicionales. Quizá habría que recordarles que la esperanza de vida pasó en nuestro país de 34,9 años a más de 80 en poco más de un siglo y que eso tan común en la época de nuestros abuelos, la pérdida de un hijo, es ahora, con permiso de los antivacunas, una tragedia excepcional. Hay quien cree que las enfermeda­des infecciosas son cosas del pasado o inventos de las compañías farma­céuticas para ampliar su negocio. La realidad es que la base del negocio de las farmacéuticas es mantener vivos a sus clientes, que las vacunas están entre los medicamentos más eficaces y baratos, y que muchos virus y bac­terias siguen ahí, simplemente porque es su forma de sobrevivir.

José Ramón Alonso

El artículo completo está disponible en la versión en papel de El Ciervo.

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