El poder blando

Una sensación de desconcierto se detecta en esta Europa que parece desvencijarse al ritmo de las transformaciones sociales, tecnológicas y políticas que afectan a todo el planeta. Sigo pensando que la Unión Europea es la mayor aportación del viejo continente al mundo desde la segunda mitad del siglo pasado. El hecho de que tantos cientos de miles, millones, de ciudadanos de todos los continentes intenten entrar en Europa y compartir los valores de respeto y libertad indica que los serios problemas que nos afectan no son los peores del mundo.

Las crisis conviven siempre con las democracias. Los liderazgos presentes suelen estimarse siempre peores que los de tiempos pretéritos. Los nacionalismos revestidos de populismo surgen en muchas partes. Los Estados no acaban de ceder las competencias a las que se habían comprometido. El poder está en las instituciones pero también en los países más fuertes, especialmente en Alemania, que se ha convertido en la primera potencia de la Unión, con la singularidad de que no parece estar en condiciones de liderar Europa. Pero tampoco agita el nacionalismo del estado alemán para germanizar Europa.

Europa no tiene prácticamente ejércitos. El euro está en crisis. La economía marcha al ralentí. Los desequilibrios sociales y económicos son cada vez mayores. Pero en su larga historia, la UE ha sabido encontrar soluciones democráticas y equitativas, nunca perfectas, a sus problemas. La ruptura de la UE significaría volver a los conflictos entre pueblos, naciones y estados europeos. Se dibujan horizontes arriesgados. Las fracturas y divisiones son alternativas muy peligrosas.

Lluís Foix

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