La biblioteca de Antonio Colinas

Deberíamos hacer una valoración múltiple sobre nuestra biblioteca? ¿Mi biblioteca o mis bibliotecas: la que está aquí al lado o la que se encuentra en una segunda casa? En realidad, ¿no deberíamos hablar de una biblioteca de bibliotecas? Porque en ella son concretos los temas que he preferido –la poesía y el ensayo que yo llamo inspirado – , pero un traslado del Mediterráneo a mis tierras de noroeste me llevó a redescubrir mi “biblioteca juvenil”, la acumulada hasta mi regreso de Italia a los 28 años. Valorar esa primera biblioteca supondría el reencuentro con aquella caja en la que se encontraban casi todos los libros de Unamuno, o los primeros de Antonio Machado y Juan Ramón; o aquellas novelas de un tiempo en que lo leíamos todo: los clásicos (Góngora, sobre todo), las biografías de Zweig o Maurois, novelistas como Dostoievski, Mann, Hesse, Lampedusa).

También los primeros libros leídos y comprados en Italia, en su lengua original: Giacomo Leopardi, sobre todo, con aquella primera edición de sus Canti, que comencé a traducir como un juego. O la poesía completa de Salvatore Quasimodo, cuyos poemas iba traduciendo con un lápiz, lentamente, sobre el mismo libro. O aproximarme al inglés de los poemas de Ezra Pound –después de visitarlo en Venecia en mayo de 1971– con la versión bilingüe de Mondadori (1970). Biblioteca y libros van unidos a viajes. Así, recordar las lecturas de Baudelaire, Rimbaud o Perse, me llevan a los dos meses que viví en el París del otoño (que no mayo) de 1968. O a aquellos libros de filosofía o de pensamiento que habían supuesto mis tempranas lecturas de Séneca o Montaigne.

¿En esa biblioteca de bibliotecas no estarían también esos libros de poesía actual, la mayoría dedicados; lista que es más que actual, pues me lleva a las lecturas de los poetas del «27», al magisterio de Vicente Aleixandre o de María Zambrano? La biblioteca revela a su dueño, y con mi paso a una isla del Mediterráneo, en la que viví 21 años, los libros se decantan aún más hacia la poesía, el pensamiento y la filosofía, ligados a esa mar: los poetas grecolatinos, los presocráticos, Dante, Valéry, los autores del Renacimiento italiano, los grandes de la poesía catalana (Espriu, Riba). ¿O no me trasladará a temas como los de la mística universal (la poesía china de los orígenes, budismo y taoísmo, Fray Luis de León y Juan de la Cruz, los intensos poetas sufíes, los relato jasídicos?). ¿Y cómo olvidarnos de los poetas del Romanticismo esencial: Hölderlin, Novalis, Keats? Sí, biblioteca de bibliotecas, una y múltiple, reveladora en sus partes y en su conjunto de quien la ha ido leyendo y mimando.

Antonio Colinas es poeta, novelista, ensayista y traductor. Premio Nacional de literatura 1982 y Premio Reina Sofía de Poesía iberoamericana 2016.

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