Resignado a caminar, envidio a mi mujer, su rostro de felicidad camino a o de vuelta de su jornada laboral. Su cruzada por la movilidad sostenible sobre dos ruedas la justifican 695 metros más que en mi caso. No es una gran distancia, pero recorrerla en bici le ahorra muchísimo tiempo y favorece la logística familiar.


Para usar más la bicicleta hay que desmontarla; los prejuicios que la persiguen, se entiende. Las principales excusas (antes que la seguridad o la climatología) por la que la gente no usa la bicicleta a diario para sus desplazamientos, según datos del Eurobarometro del 2014, son cuatro: porque no tienen bici, prefieren caminar o el coche, les falta tiempo o no les gusta. Se comprende. El que no lo ha probado no se puede imaginar lo adictiva, en positivo, y beneficiosa que puede llegar a ser. Además de económica y ecológica (el impacto medioambiental que provoca es 10 veces menor que el de los vehículos motorizados), es saludable. Es una de las actividades físicas más completas. No supone impacto para las articulaciones, combate estrés y ansiedad y mejora la calidad del sueño.


La segunda tanda de motivos, en la misma encuesta esgrime cuestiones como problemas de salud, edad, falta de forma física, climas adversos y orografía. Conozco a ancianos octogenarios con serios problemas para caminar y, en cambio, sobre las dos ruedas gastan una pericia de adolescentes. El estado de forma no es una cuestión congénita ni degenerativa. Con algo de esfuerzo, se mejora. De hecho, tampoco es necesario el nivel de un ciclista profesional para cubrir trayectos de unos 5 km (distancia media de uso urbano de la bicicleta) en los que se ha demostrado que la bici es el medio más rápido y eficiente. Lo del clima clama al cielo. Lo tenemos de ensueño, sobre todo si lo comparamos con lo adverso que es en los países del norte de Europa donde reinan las dos ruedas. Las rampas, a la que se adquiera un mínimo de fondo, también se salvan sin morir en el intento. Si causas de fuerza mayor lo impidieran, también existe la alternativa de las bicis eléctricas.ciclistas

El miedo y la falta de infraestructuras completan las respuestas. La inseguridad se combate. Primero fomentando la cultura ciclista. El riesgo cero no existe. Se debe prevenir. Buscar recorridos alternativos con menos tráfico y mecanizar hábitos de seguridad ayuda a relegar leyendas negras. Según datos de ayuntamientos y la DGT, el riesgo de accidente en bici es menor que en coche. Un 0,9 por cada 100.000 recorridos, frente al 1,3 en los automóviles.
Con todo, en España crece el uso de la bici (3% de desplazamientos) como medio de transporte, como asegura el Barómetro de la Bicicleta 2017. En 4 años, se ha duplicado este dato. Pese a ello, aún estamos lejos del 8% de la media europea, y a un abismo del 36% de Holanda, el edén ciclista. Sin embargo, los datos son esperanzadores. En el 2015, fuimos el país en el que más creció el uso de la bicicleta, según el Índice Mundial del Ciclismo. El mismo estudio refleja que también se usa más la bici a nivel mundial. En ese año, se realizaron 4,6 millones más de recorridos, lo que también representa un aumento del 3%.
Animo a desmontar la bici para ir montándose más en ella. Cuando pedalee, aunque solo fueran cinco metros, los que tengo al trabajo, la recompensa es una felicidad absoluta, de fábula.

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